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Biblioteca Teosófica
El camino hacia adelante de la humanidad
El camino hacia adelante de la humanidad
Radha Burnier
El crecimiento espiritual – Discípulos regulares y laicos
El crecimiento espiritual – Discípulos regulares y laicos
Josep Tarragó
EL NÚCLEO DEL MUNDO
Es un Centro Laya, el punto cero del planeta, punto de equilibrio, un punto vacío pero lleno del pensamiento divino. Punto eterno, indestructible, que gira, late y sostiene el mundo.
«Cuando un planeta muere, Fohat transfiere los principios de un planeta a otro, a un centro Laya, con energía potencial, latente, el cual es despertado a la vida y comienza en un nuevo planeta».
Doctrina Secreta, estancia IV, 4.
Dentro del chakra de tú corazón existe un punto Laya igual.
EL PRALAYA CIENCIA MODERNA
H.P. BLAVATSKY
Si la ciencia tiene razón, entonces, el futuro de nuestro sistema solar y, consecuentemente, de lo que llamamos universo, depara muy poca esperanza o consuelo a nuestra posteridad. Dos de sus paladines: el señor Thompson y el señor Klansius han alcanzado, simultáneamente, la opinión conclusiva según la cual el destino del universo consiste en una completa destrucción que acontecerá en un futuro no muy remoto. De igual parecer son las teorías de varios astrónomos, las cuales describen el gradual congelamiento y la disolución final de nuestro planeta usando términos casi idénticos a los que empleaban los hindúes más grandes y aún algunos sabios griegos. Casi se podría pensar que estamos leyendo nuevamente a Manu, Kanada, Kapila y a otros. Lo que sigue son algunas de las teorías más inéditas de nuestros pandits occidentales.
Nuestros científicos nos informan que: «Todas las masas ponderables que deben haberse separado al momento de la evolución o en la primera aparición en la tierra de la masa primordial de materia se reunirán, nuevamente, en un cuerpo celestial gigantesco e infinito. Todo movimiento visible en esta masa se detendrá y sólo la moción molecular permanecerá, esparciéndose, equitativamente, a través de todo este cuerpo voluminoso como calor.» El atomista Kanada, el antiguo sabio Hindú, dijo: «En la creación dos átomos empiezan agitándose hasta que, al final, se separan de su unión previa cohesionándose después, formando una nueva substancia que posee las cualidades de las cosas desde las cual s surgió.»
Lohschmidt, el profesor austríaco de matemáticas y astronomía y Proctor, el astrónomo inglés, al tratar el mismo tema han llegado a otra concepción diferente sobre la causa productora de la futura disolución del mundo. La atribuyen al lento y paulatino congelamiento del sol, cuyo corolario final es la extinción venidera de este globo. Entonces, todos los planetas, siguiendo a la ley de gravitáción, se estrellarán en el astro inanimado y frío, fundiéndose con él y formando un cuerpo gigantesco. Si esto aconteciera, dice el sabio alemán y si tal período iniciara, es imposible que dure para siempre; ya que no sería un estado de equilibrio absoluto. Durante un período maravilloso, el sol, endureciéndose gradualmente, seguirá absorbiendo el calor radiante del espacio universal concentrándolo a su alrededor.
Escuchemos al profesor Tay con respecto a este asunto. Según su opinión, el congelamiento total de nuestro planeta implicaría la muerte segura. La vida animal y vegetal que, antes del evento, se habrá trasladado de las áreas norteñas y ya congeladas hacia el ecuador, al final desaparecerá para siempre de la haz del globo sin dejar atrás ningún vestigio de su existencia. La tierra se encontrará envuelta en un frío intenso y en las tinieblas. El actual movimiento atmosférico incesante se habrá convertido en el silencio y en el reposo completo. Las últimas nubes habrán derramado sobre el globo las últimas aguas. El curso de los arroyos y de los ríos, destituido de su vivificador y motor: el sol, se paralizará y los océanos se congelarán en una masa. Nuestro globo no tendrá otra luz que el ocasional brillo de las estrellas fugaces que aún no habrán cesado de internarse en nuestra atmósfera, inflamándose. Quizá, también el sol, bajo la influencia del cataclismo de la masa solar, exhibirá, momentáneamente, algunas señales de vitalidad. Así, la luz y la vitalidad volverán a penetrarlo por un breve lapso, sin embargo, la reacción se restablecerá indefectiblemente y el sol, impotente y moribundo, se apagará, esta vez para siempre. Tal cambio fue observado y en realidad aconteció, en el período de congelamiento de las constelaciones del Cisne, de la Corona y del Ofiuco, ahora extintas. El mismo destino se depara para todos los otros planetas, los cuales, entretanto, obedeciendo a la ley de inercia, seguirán circunvalando al sol muerto […]. Después, el docto astrónomo retrae el último año del globo moribundo, empleando las mismas palabras que un filósofo hindú usó para describir el Pralaya: «El frío y la muerte soplan del polo norte esparciéndose a lo largo de toda la superficie terrestre cuyos nueve décimos ya han cesado de vivir. La vida, casi imperceptible, se ha concentrado toda en su corazón, el ecuador, en las pocas regiones restantes aún habitadas y donde reina una confusión completa de lenguas y nacionalidades. Muy pronto, a los representantes sobrevivientes de la raza humana se unen las especie animales más grandes que el intenso frío condujo a esta faja de tierra. Un objetivo, una aspiración, acopia esta masa variada de seres: la lucha por la vida. Grupos de animales, sin distinción de género, se amontonan en una horda esperando encontrar un poco de calor en los cuerpos que se congelan rápidamente. Las serpientes no conminan más con sus falanges venenosas ni los leones y los tigres con sus garras puntiagudas. Todo lo que cada uno de ellos pide es la vida y solamente la vida ¡la vida hasta el último minuto! Al final, sobreviene el último día y los pálidos y moribundos rayos solares iluminan la siguiente escena tétrica: ¡ los cuerpos congelados de los últimos de la familia humana, muertos por el frío y la carencia de aire en la ribera de un mar inmóvil que está congelándose rápidamente! […]
Las palabras podrán no corresponder, precisamente, con las del erudito profesor; ya que se extrajeron de apuntes sentados en un idioma extranjero, pero las ideas son, literalmente, las suyas. La imagen es realmente tétrica, sin embargo, las ideas basadas sobre deducciones matemáticas no son nuevas y un autor hindú de la era precristiana describe la misma hecatombe según lo presenta Manu en un idioma muy superior a éste. Invitamos al lector a comparar y al hindú a discernir, en esto, una ulterior corroboración de la gran sabiduría y saber de sus antepasados que anticiparon las investigaciones modernas en casi todo campo.
«Se oyen ruidos extraños proceder de cada punto […] Son los precursores de la Noche de Brahma. El crepúsculo se eleva en el horizonte y el sol desaparece […] Paulatinamente, la luz empalidece, el calor disminuye y en la tierra se multiplican los lugares inhabitables, el aire se hace más y más enrarecido. Las fuentes acuíferas se secan, los grandes ríos ven sus olas agotarse, el océano enseña su abismo arenoso y las plantas mueren. […] La vida y el movimiento pierden su fuerza, los planetas gravitan en el espacio con dificultad, extinguiéndose uno a uno […] Surya (el Sol), flamea y se apaga. La materia cae en disolución y Brahma (la fuerza creativa), se funde nuevamente en Dyaus, el no revelado, el cual, habiendo cumplido con su tarea, duerme. […] ¡Ha llegado la noche para el Universo!» (Vamadeva).
EL PRINCIPIO SEPTENARIO EN EL ESOTERISMO
H.P. BLAVATSKY
Desde el día en que comenzó a exponerse la Doctrina Arhat esotérica, muchos de aquellos que ignoraban la base oculta de la filosofía inda, imaginaron que entre ambas había divergencia. Algunos, entre los más fanáticos, acusaron abiertamente a los ocultistas de la Sociedad Teosófica de propagar la herejía budista más caracterizada, y hasta llegaron a afirmar que en su totalidad el movimiento teosófico no era otra cosa que una propaganda budista disfrazada. Brahmanes ignorantes y sabios europeos dijeron que nuestras divisiones septenarias de la Naturaleza y de todo lo contenido en ella, incluso el hombre, eran arbitrarias y que los sistemas religiosos más antiguos del Oriente no las confirmaban.
Nos proponemos ahora consultar brevemente los Vedas, los Upanishads, los Libros de la Ley de Manu y particularmente la Vedânta, a fin de demostrar que todos éstos apoyan nuestra creencia. Aun en su esoterismo vulgar aparece claramente la afirmación de la división septenaria. Pasaje tras pasaje podría citarse como prueba de ello, y no sólo puede leerse el misterioso número en cada página de las más antiguas Escrituras Sagradas arias, sino también en los libros más antiguos del zoroastrismo, en los anales que pudimos salvar de las antiguas Babilonia y Caldea, en el Libro de los Muertos y Rituales del antiguo Egipto y hasta en los libros mosaicos, sin hacer mención de las obras secretas judías, tales como la Kabalah.
El limitado espacio de que disponemos nos obliga a ceñirnos a unas pocas citas breves, no permitiéndonos intentar siquiera extensas explicaciones. No es exageración asegurar que podría escribirse un tomo voluminoso acerca de cada una de las pocas alusiones que aparecen en los slokas citados.
Desde el bien conocido himno al tiempo del Atharva Veda (XIX, 53) El tiempo, semejante a una brillante rueda con siete radios, Lleno de fecundidad, arrastra todo hacia adelante.
El tiempo, cual carro de siete ruedas Y siete cubos, marcha hacia adelante, Las ruedas veloces son los mundos todos, su eje es la Inmortalidad. hasta Manu, “el primero y el séptimo hombre”, los Vedas, los Upanishads y todos los sistemas de filosofía posteriores, todos abundan en alusiones acerca de este número.
¿Quién era Manu, el hijo de Svâyambhuva? Nos dice la Doctrina Secreta que ese Manu no era hombre, sino la representación de las primeras Razas humanas, evolucionadas con el auxilio de los Dhyân–Chohans (Devas) al principio de la Primera Ronda.
Pero nos enseñan sus Leyes (I,80) que hay catorce Manus para cada Kalpa o “intervalo entre creación y creación” (léase intervalo entre un Pralaya menor y otro), y que “en la presente edad divina hubo hasta ahora siete Manus”. Los que saben que hay siete Rondas, de las que tres han pasado, y que nos hallamos ahora en la cuarta, que hay siete auroras y siete crepúsculos o catorce Manvantaras, que al principio de cada Ronda y a su fin y sobre y entre los planetas, hay “un despertar a la vida ilusoria y un despertar a la vida real”; que existen además Manus–Raíces y lo que hemos de traducir imperfectamente por los Manus–Semilla – las semillas para las Razas humanas de la
Ronda venidera (misterio que sólo a aquellos que han pasado el Tercer Grado en la Iniciación es divulgado)–; los que todo eso hayan aprendido estarán mejor preparados para comprender el significado de lo que sigue. Nos enseñan las Sagradas Escrituras indas que el primer Manu produjo otros seis Manus (siete Manus primarios entre todos), y esos a su vez produjeron cada uno otros siete Manus (Bhrigu, I, 61–63) 1, resultando la producción de estos últimos en los tratados ocultos como 7 x 7.
Claramente aparece, por lo tanto, que Manu, el último, el progenitor de nuestra humanidad de la Cuarta Ronda, ha de ser el séptimo ,puesto que nos hallamos en nuestra Cuarta Ronda y que hay un Manu–Raíz en el Globo A y un Manu–Semilla en el Globo G. Así como cada Ronda planetaria comienza con la aparición de un Manu–Raíz (Dhyân Chohan) y termina con un Manu–Semilla, de igual modo aparecen respectivamente un Manu–Raíz y Semilla al principio y fin del período humano en cada planeta particular. Fácilmente se verá por la declaración anterior que un período Manu– antárico significa, como lo implica el término, el tiempo que transcurre entre la aparición de dos Manus o Dhyân–Chohans, y por lo tanto, un Manu–antara menor es la duración de las siete Razas sobre cualquier planeta particular, y un Manu–antara mayor es el período de una Ronda humana a través de la Cadena Planetaria. Además, como nos dicen que cada uno de los siete Manus crea 7 x 7 Manus y que hay 49 Razas–Raíces sobre los siete planetas durante cada Ronda, cada Raza –Raíz tiene, pues, su Manu. El séptimo Manu actual es llamado Vaivasvata, y aparece en los textos exotéricos como el Manu que en la india representa al Xisustro babilónico y al Noé judío. Mas nos enseñan los libros esotéricos que Manu Vaivasvata, el progenitor de nuestra quinta Raza, el que la salvó del Diluvio que casi exterminó a la cuarta (la Atlante),no es el séptimo Manu mencionado en la nomenclatura de los Manus–Raíces o primitivos, sino uno de los 49 “emanados de este Manu–Raíz”.
Para mayor claridad, damos aquí los nombres de los 14 Manus en su orden respectivo y su relación con cada onda:
Así pues, aunque séptimo en el orden indicado, Vaivasvata es el Manú–Raíz primitivo de nuestra cuarta Oleada Humana (siempre debe tener presente el lector que Manu no es un hombre, sino la Humanidad colectiva), mientras que nuestro Vaivasvata era tan sólo uno de los siete Manus menores que presiden las siete Razas de este planeta nuestro. Cada uno de éstos ha de ser testigo de uno de los cataclismos periódicos eternamente reproducidos (por el fuego y el agua alternativamente) que terminan el ciclo de cada Raza–Raíz. Y es este Vaivasvata –la encarnación del ideal indo, llamado respectivamente Xisustro, Deucalión, Noé y por otros nombres– el hombre alegórico que salvó a nuestra Raza cuando la casi totalidad de la población de un hemisferio pereció por el agua, mientras despertaba de su oscurantismo temporal el otro hemisferio.
Aun comparando brevemente la undécima tabla de las leyendas de Izdubar sobre la historia caldea del Diluvio con los llamados libros mosaicos, desempeña el número siete un papel importante. Tanto en aquélla como en estos últimos, reviste grandísima importancia el número siete. Los animales, pues, son apartados en siete, en siete 2 igualmente las aves; a Noé se le anuncia que lloverá dentro de siete días sobre la Tierra; así espera “otros siete días” y siete días más, mientras que en la versión caldea del Diluvio la lluvia cesó al séptimo día 3.
El séptimo día fue echada a volar la paloma; Xisustro coge por siete los Jarros de vino para el altar, etc. ¿Cómo explicar tales coincidencias? ¡Y sin embargo, pretenden los orientalistas europeos que creamos en ellos cuando juzgando las cronologías babilónicas y arias las tachan de extravagantes e ilusorias! A pesar de ello, como ninguna explicación nos ofrecen aquellos, ni observaron jamás, que sepamos, la extraña identidad existente en los totales de las cronologías semítica, caldea e indo–aria, los estudiantes de la Filosofía Oculta consideran el hecho que sigue como sugestivo en extremo. Mientras se fija en 432.000 años 4 el período del reinado de los lo reyes babilonios antediluvianos, también señalan 432.000 años de duración al Kali Yuga posterior al diluvio y los cuatro períodos, o el Mahâ Yuga, acusan en su totalidad 4.320.000 años. ¿Por qué siendo ilusorias y extravagantes presentan números idénticos, cuando seguramente ni los arios, ni los babilonios se han copiado unos a otros? Llamamos la atención de nuestros ocultistas para que se fijen en los tres números dados:4,que representa el cuadrado perfecto,3, la tríada (los siete principios universales y los siete individuales), y 2, el símbolo de nuestro mundo ilusorio, número ignorado y rechazado por Pitágoras.
En los Upanishads, así como en la Vedânta, es donde hemos de buscar las mejores corroboraciones de las enseñanzas ocultas. En la doctrina mística, los Rahasya o los Upanishads –“el único Veda de todo pensador indo actualmente”, según confiesa Monier Williams–, cada palabra, como su nombre mismo implica 5, ofrece un sentido secreto. Ese sentido sólo puede comprenderse por aquel que posee un pleno conocimiento de Prâna, la Vida Una,“el cubo del que parten los siete radios de la Rueda Universal” (himno a Prâna, Atharva Veda, XI, 4).
Hasta los orientalistas europeos reconocen que todos los sistemas en la India consideran el cuerpo humano como compuesto de: (a) un cuerpo exterior o grosero (Sthûla Sharîra), (b) un cuerpo interno o vaporoso (Sûkshma o Linga Sharîra, el vehículo), unidos ambos por (c), la vida Jîva o Kârana Sharîra, el cuerpo causal) 6. El Sistema Oculto o Esotérico divide éstos en siete, agregándole además Kâma, Manas, Buddhi, y Atinan.
La filosofía Nyâya, al tratar de los Prameyas (por medio de los cuales los objetos y sujetos de Pramâna pueden ser entendidos correctamente), incluye entre los 12 , los siete principios raíces o fundamentales (véase Sûtra, IX), que son: (1) el Alma (Âtman); (2) su Espíritu superior (Jivâtman); (3) el cuerpo (Sharîra); (4) los sentidos (Indriya); (5) la actividad o voluntad (Pravritti); (6) la mente (Manas); (7) el intelecto (Buddhi).
Los siete Padârthas (exámenes o atributos de las cosas existentes) de Kanâda en el Vaisheshika, se refieren en la Doctrina Oculta a las siete cualidades o atributos de los siete Principios. Así: (1) la sustancia (Dravya) se refiere al cuerpo o Sthûla Sharîra; (2) la cualidad o propiedad (Guna) principio de vida, Jîva; (3) la acción o acto (Karman) al Linga Sharîra; (4) la comunidad o mezcla de las propiedades (Sâmânya) a Kâma–Rûpa; (5) la personalidad o individualidad consciente (Vishesha) a Manas; (6) la cohesión o relación íntima perpetua (Samavâya) con Buddhi, el vehículo inseparable de Âtman; (7) la no –existencia o no– ser en el sentido de la objetividad o sustancia (Abhâva), y como separados de la misma, a la Mónada más elevada o Âtman.
Así pues, sea que consideremos el Uno como el Purusha Védico o Brahman (neutro), la “Esencia que todo lo penetra”; o como el Espíritu Universal, la “Luz de las luces” (Jyotishâm Jyotih), el total independiente de toda relación de los Upanishads; o como el Paramâtman de la Vedanta; o también como la Adristha de Kanâda, la Fuerza invisible o átomo divino; y finalmente, como Prakriti, “la Esencia eternamente existente” de Kapila; en todos estos principios impersonales universales hallamos la capacidad latente de evolucionar de sí mismos a “seis rayos” (siendo el séptimo el principio evolutivo). El tercer aforismo del Sânkhya Kârikâ, que dice, refiriéndose a Prakriti, que es la “raíz y sustancia de todas las cosas”, y no producto, sino productora ella misma de “siete cosas que, producidas por aquella, se convierten también en productores”, ofrece un significado puramente oculto.
¿Qué son aquellos Productores evolucionados del Principio Básico Universal (Mûla– prakriti o la materia cósmica primera no diferenciada, que de sí misma evoluciona la conciencia y la mente, llamada generalmente Prakriti o Amûlam Mûlam, la “raíz sin raíz”, y Avyakta, “el Evolucionador no Evolucionado”, etcétera?) Ese Tattva primordial o “Aquello eternamente existente”, la Ignota Esencia, produce, según nos enseñan, como primer Producto a Buddhi –el Intelecto– sea que apliquemos este último al sexto Principio macrocósmico o al microcósmico.
Ese primer producto produce a su vez (o es el origen de) Ahankâra, la “propia conciencia”, y Manas, la “mente”.
Siempre habrá de tener presente el lector que Mahat o gran fuente de aquellas dos facultades internas, Buddhi per se, no puede poseer ni conciencia propia ni mente, esto es, sólo puede el sexto principio en el hombre conservar una esencia de propia conciencia personal, individualidad personal absorbiendo en sí mismo sus propias aguas, que han fluido por conducto de aquella facultad finita; porque Ahamkâra, esto es, la percepción del Yo o sentimiento de nuestra propia individualidad personal, exactamente representado por el término Egoísmo, pertenece al segundo, o más bien al tercer producto de los siete, esto es, al quinto principio o Manas. Este último es el que atrae al hilo de Prakriti, (el principio–raíz) cual tela de araña, los cuatro principios o partículas sutiles elementales –Tanmâtras, de los que la tercera clase, los Mahâbhûtas, principios elementales groseros, o más bien los Sharîras y Rûpas, han evolucionado–;
Kâma, Linga, Jîva y Sthûla Sharîra. Las tres Gunas de Prakriti –Sattva, Rajas y Tamas (pureza, actividad pasional e ignorancia u obscuridad)– formando un triple hilo o cuerda penetran los siete, mejor dicho, los seis principios humanos. Del quinto, Manas o Ahamkâra, el Yo ,depende convertir la cuerda Guna en un solo hilo, el Sattva, y formando así un solo todo con el Evolucionador no Evolucionado, alcanzar la inmortalidad o existencia consciente eterna.
De otro modo, nuevamente se resolverá en su Esencia Mahâbhautica; mientras no esté desencordada la triple cuerda, el Espíritu (la Mónada Divina)queda esclavizado cual animal por la presencia de las Gunas en los principios (Purusha Pashu).El Espíritu Atinan o Jîvâtman (los principios séptimo y sexto), sea del Macrocosmos o Microcosmos, aunque esclavo de aquellas Gunas durante la manifestación objetiva del Universo o del hombre es, no obstante, ninguna, esto es, está completamente libre de ellas. De los tres productores o evolucionadores, Prakriti, Buddhi y Ahankâra, sólo el último puede ser hecho prisionero (tratándose del hombre) y destruido cuando es personal. La Mónada Divina es Aguna (exenta de cualidades), mientras que Prakriti, en cuanto el estado pasivo de Mûlaprakriti pasa al de Avyakta (un evolucionado activo), es entonces Gunavat, dotado de cualidades. Nada pueden tener que ver Purusha o Atinan con el último (siendo incapaces, por supuesto, de percibirle en su estado gunavâtico); con la primera –Mûlaprakriti o la esencia cósmica no diferenciada– sí tienen relación, ya que forman un solo todo con ella y son idénticos.
El Atma–Bodha o “Conocimiento del Alma”, tratado escrito por el gran Shankarâchârya, habla claramente de los siete principios en el hombre (véase versículo 14). A estos los llama las cinco envolturas (Panchakosha), en las que está contenida la Mónada Divina, el Atman y Buddhi, los principios séptimo y sexto, o el alma individualizada cuando se ha diferenciado (bajo la acción de Avidyâ,Mâyâ y las Gunas) del Alma Suprema, Parabrahman. La primera envoltura, llamada Anandamaya –la envoltura de la Suprema Bienaventuranza–, es el Manas o quinto principio de los ocultistas, cuando está unido a Buddhi. La segunda es Vijñânana Maya Khosa, la envoltura de la propia ilusión, el Manas cuando se elude en la creencia del yo personal o Ego con su vehículo. La tercera, Manomaya, compuesta de la mente ilusoria asociada con los órganos de la acción y la voluntad, es el Kâma Rûpa y Linga Sharîra combinados, productores de un yo ilusorio o Mâyâvi Rûpa. Se llama a la cuarta envoltura Prâna –Maya, la vida ilusoria, nuestro segundo principio de vida o Jîva en el que reside la vida, la envoltura del aliento. La quinta Kosha lleva por nombre Anna– Maya, o sea la envoltura conservada por medio del alimento, nuestro cuerpo material. Todas esas envolturas producen a su vez otras menores, o seis atributos o cualidades cada una, siendo siempre la séptima la envoltura raíz o fundamental; y al Atman o Espíritu, que semejante a un hilo pasa a través de todos esos cuerpos etéreos sutiles, le llaman el alma –hilo o Sûtrâtman.
Y ahora podemos dar por terminada la anterior demostración. En verdad que bien puede aplicarse a la Doctrina Esotérica el calificativo de doctrina del hilo, ya que como Sûtrâtman o Prânâtman, penetra y une a todos los antiguos sistemas filosófico– religiosos, y lo que es más aun, los reconcilia y explica. Pues aunque tan distintos exteriormente entre sí, descansan todos en una base única, cuya extensión, profundidad, amplitud y naturaleza son conocidas de aquellos que se han convertido, a semejanza de los Hombres Sabios del Oriente, en adeptos de la Ciencia Oculta.
NOTAS
1 El hecho de declarar el mismo Manu que fue creado por Virâj, y produjo después los diez Prajâpatis, que a su vez produjeron siete Manus, los cuales dieron nacimiento a otros siete Manus (Manu,1, 33–56), se refiere a otros misterios aun anteriores y constituye al mismo tiempo un velo respecto a la doctrina de la Cadena septenaria.
2 Ver Génesis .Capítulo VII, 2–4, 10–12.
3 Poema de Gilgamesh, tablilla XI, 128–129, 146 y 157. Editora Nacional,Madrid,1980. 4 Georges Smith.Babilonia,pág.36 ¡Aquí también, como sucede con los Manus, los 10 Prajâpatis y los 10 Sephiroth en el Libro de los Números, se van reduciendo a siete!
5 Upa –ni–shad significa, según las autoridades brahmánicas,“conquistar la ignorancia revelando el Conocimiento Espiritual Secreto ”. Según Monier Williams, derivase el título de la raíz sad con las preposiciones upa y ni, e implica “algo místico que está bajo la superficie”.
6 Confunden con frecuencia los no iniciados ese Kârana Sharîra con el linga Sharîra, describiendo al primero como el embrión interno rudimentario o latente del cuerpo unido a él. Mas el ocultista lo considera como la vida (cuerpo)o Jîva, que desaparece a la muerte; es reabsorbido, dejando al primer y tercer principio desintegrarse y volver a sus elementos.
El secreto mejor guardado de Einstein
Ambos subieron entonces a un despacho situado en la segunda planta. El lugar era justo como Brown lo había imaginado

Creada: 06.02.2023 00:30
Última actualización: 06.02.2023 00:30
https://www.larazon.es/opinion/20230206/xqn77qso7rf3lllc2pbrb5gdzm.html
El Sendero que conduce a la Realización del SER
El Sendero que conduce a la Realización del SER
Josep Tarragó
EL SERVICIO. Citas de A. Besant
EL SERVICIO. Citas de A. Besant
Del Servicio a todo lo que vive.
¿Cómo puedo servir mejor al mundo?
Comienza por tu propia familia, los que están más cercanos a ti, a los que ves día tras día, con quienes continuamente puedes practicar el servicio. Ampliar el servicio gradualmente del círculo de la familia a los que son tus camaradas más próximos en tu vida ordinaria, y así al abarcar círculo tras círculo, ampliando cada uno sobre el anterior, te aproximarás más al ideal del mundo, aunque no sea una adquisición más allá de la de otros, salvo los más altamente desarrollados de nuestra raza humana, los grandes rishis que configuran el gobierno del mundo. Considerándolo desde un punto de vista práctico podemos formar el hábito del amor y del servicio.
Si se desea, no solamente llevar a cabo un gran servicio de vez en cuando, (pues un gran servicio nos llega pocas veces en la vida a la mayoría de nosotros) es necesario crear el hábito del servicio, que solamente se puede obtener por medio de la práctica diaria y continuada, hasta que el impulso espontáneo de pensar y actuar de esta forma en particular, pueda convertirse en lo más útil y más noble que podamos llegar a ser en nuestra vida mortal. Puedo decir que las grandes oportunidades nunca le llegan a uno, a no ser que practique la más ínfima oportunidad de servir, que nos llegue cada día en la vida.
De la vida teosófica
La vida teosófica debe de ser una vida de Servicio. A no ser que sirvamos, no tenemos derecho a vivir. Vivimos por el constante sacrificio de otras vidas en cualquier mundo, y debemos pagarlo. Si no es así, se cumple la frase que dice; «no somos más que ladrones, si no pagamos lo recibido». El servicio es el gran iluminador. Cuanto más servimos, más sabios nos hacemos, pues aprendemos la sabiduría, no por el estudio, sino viviendo el Servicio. Hay un sentido en el cual el siguiente dicho es perfectamente verdad; «El que cumpla la Voluntad conocerá la doctrina». Vivir la vida de servicio aclara la atmósfera mental de los tergiversadores fuegos del prejuicio, la pasión, y el temperamento; sólo el servicio hace al ojo simple, de forma tal que todo el cuerpo esté lleno de luz; y solamente los que sirven son los que viven verdaderamente. El ideal teosófico debe permear el ser de cada uno de nosotros, pues, según lo que damos en servicio a otros, así podemos esperar el servicio de Aquellos, que están más elevados que nosotros. Los que sirven a la humanidad, sirven en proporción a los servicios ofrecidos. Ellos están capacitados para enviar vida en objetos, que la llevarán a todas partes, y la distribuirán, y Ellos tratan de servir a la humanidad, a aquellos, cuyas vidas sirven ya durante largo tiempo a la raza
humana. No quiero significar por servicio, los grandes actos de servicio, realizados por un mártir o un héroe. Donde quiera se sirva a un hombre o a una mujer, se sirve a la humanidad. Servimos a la raza humana, sirviendo a nuestro vecino más cercano, y podemos glorificar cualquier pequeño acto de servicio, al ver tras el receptor el ideal:»al servirte, sirvo a la raza humana, y tu eres la mano extendida de ella”.
El SIMBOLISMO INICIÁTICO EN LA VIDA DEL MAESTRO JESÚS, EL CRISTO-NUESTRA PROPIA HISTORIA
Libros: LA VIDA DE CRISTO DESDE LA NATIVIDAD A LA ASCENSIÓN por GEOFFREY HODSON (Completo).
Extractos de: CRISTIANISMO ESOTÉRICO por Annie Besant. DE BELÉN AL CALVARIO por Alice Ann Bailey.
DE JESÚS A CRISTO por Rudolf Steiner.
ES NUESTRO DEBER CENSURAR A LOS DEMÁS?
H.P. BLAVATSKY
“No condenes a ningún hombre en su ausencia;
y cuando te veas forzado a censurarlo, hazlo
frente a su cara, pero suavemente y con palabras
llenas de caridad y compasión. Ya que el corazón humano es como la planta–Kusûli; que abre
su cáliz al suave rocío de la mañana, y lo cierra ante un fuerte aguacero” –PRECEPTO BUDDHISTA
“No juzgues, para que no seas juzgado”
–AFORISMO CRISTÍANO
Nos da pena escuchar que no pocos de nuestros Teósofos más serios, se encuentran entre los cuernos de un dilema. Las causas pequeñas pueden producir a veces grandes resultados. Hay algunos que estarían bromeando bajo la más cruel de las operaciones y que permanecerían impasibles si se les amputara una pierna, pero que en cambio armarían un tumulto y renunciarían a su merecido lugar en el reino de los cielos si, para preservarlo, tuviesen: que permanecer callados cuando alguien los ofende.
En el número 13 de la Revista Lucifer (Vol. III Septiembre, p. 63), se publicó un ensayo sobre “El significado de un Compromiso”. De entre los siete artículos que constituyen el compromiso completo (sólo seis fueron divulgados), el lo, 4o, 5o y especialmente el 6o, requieren una gran fuerza moral de carácter, una voluntad de hierro además de gran altruismo, pronta disponibilidad para la renunciación e incluso abnegación para llevar a cabo semejante pacto. Sin embargo gran número de Teósofos han firmado alegremente esta solemne “promesa” de trabajar por el bien de la humanidad olvidándose de sí mismos, sin un sola palabra de protesta –salvo en un punto; cosa extraña, la tercera regla la cual en casi todo caso, hace dudar al solicitante y lo hace mostrar la pluma blanca. Ante tubam Trepidat: el mejor y más amable de entre ellos se siente alarmado–, como si estuviese intimidado por el toquido de la trompeta, de esa tercera cláusula, como si temiese para él ¡el destino de las murallas de Jericó!
¿Cuál es entonces esa terrible promesa, cuyo cumplimiento parece estar por arriba de las fuerzas de mortal común y corriente?. Simplemente es esto:
“ME COMPROMETO A NUNCA ESCUCHAR SIN PROTESTAR, CUALQUIER COSA MALA QUE SE DIGA DE UN HERMANO TEOSOFO Y A ABSTENERME DE CONDENAR A LOS DEMAS”.
El practicar esta regla de oro parece bastante fácil. El escuchar algo malo dicho en contra de alguien, sin protestar, es una acción que ha sido menospreciada desde los días más remotos del paganismo.
“Es una maldición el escuchar una calumnia manifiesta, pero es algo peor el no encontrar una respuesta…”
que: Dice Ovidio. Al menos, quizás por una cosa, como sutilmente hace notar Juvenal, ya
“La calumnia, el peor de los venenos,
siempre encuentra una fácil entrada en mentes bajas…”
Y porque en la antigüedad, muy pocos querían que se les tomará por semejantes mentes ¡Pero ahora!
De hecho, el deber de defender a un congénere picado por una lengua ponzoñosa durante su ausencia, y el abstenerse en general “de censurar a los demás” es la vida misma y el alma de la teosofía práctica, porque una acción de esta naturaleza es como la doncella que lo conduce a uno hacia el Sendero angosto de la “vida superior”, esa vida que nos lleva hacia la meta que todos anhelamos alcanzar. La Misericordia, la Caridad y la Esperanza son las tres diosas que presiden sobre esa “vida”. El “abstenerse” de censurar a nuestros semejantes es la aserción tácita de la presencia en nosotros de las tres Hermanas divinas; el censurar basándose en “rumores” muestra su ausencia. “No escuches al chismoso o al calumniador”, decía Sócrates. “Porque así como descubre los secretos de otros, así lo hará a su vez con los tuyos”. Ni tampoco es difícil evitar al traficante de calumnias, pues en donde no existe demanda, se acabará muy pronto la oferta. Dice un proverbio que “cuando la gente se abstenga de escuchar el mal, entonces, los maledicientes tendrán que abstenerse de murmurar”. El censurar es glorificarse a uno mismo sobre aquél al que uno censura. Los fariseos de toda nación han estado haciendo esto constantemente desde la evolución de las religiones intolerantes. ¿Vamos a hacer nosotros lo mismo que ellos?
Se nos podría quizás decir, que nosotros mismos somos los primeros en quebrantar la ley ética que estamos defendiendo. Que nuestras revistas teosóficas están llenas de “acusaciones” y que la revista Lucifer, baja su antorcha para arrojar luz sobre todo mal, en la medida de sus habilidades. Nosotros respondemos, que esto es totalmente otra cosa. Nosotros denunciamos con indignación los malos sistemas y organizaciones, sociales y, religiosas, y sobre todas las cosas la mojigatería y la hipocresía; nos abstenemos de censurar a las personas. Estas últimas son hijas de su siglo. víctimas de su medio ambiente y del Espíritu de la Época. El condenar y deshonrar a un hombre en vez de sentir lástima por él y, tratar de ayudarlo, por haber nacido en una comunidad de leprosos, convierte en leproso al que lo condena. Es como si maldijéramos una habitación por estar obscura, en vez de encender con tranquilidad una vela para disipar las tinieblas. “Las acciones nocivas se duplican acompañadas de una mala palabra”, ni tampoco puede evitarse o suprimirse un mal general, haciendo el mal uno mismo. escogiendo un chivo expiatorio para la remisión de todos los pecados de la humanidad. De aquí que, nosotros acusemos a esas comunidades, pero no a sus unidades; señalamos la podredumbre de nuestra jactanciosa civilización, indicando cómo conducen a ella sus perniciosos sistemas de educación, mostrando los fatales efectos de estos sobre las masas. Tampoco somos más parciales con nosotros mismos. No obstante que estamos preparados para entregar cualquier día nuestra vida por la TEOSOFÍA –esa gran causa de la Hermandad Universal por la cual vivimos y respiramos– y que estamos dispuestos a proteger a todo teósofo si fuese necesario, con nuestro propio cuerpo, sin embargo, nosotros denunciamos abierta y virulentamente toda distorsión de las líneas generales sobre las que primariamente fue edificada la Sociedad Teosófica, así como el gradual relajamiento y socavamiento del sistema original, por la sofistería de muchos de sus más altos dirigentes. Cargamos con nuestro karma por nuestra falta de humildad durante los primeros días de la Sociedad Teosófica; debido a nuestro aforismo favorito: “Vean , como esos Cristianos se aman unos a los otros” lo cual ahora ha sido parafraseado diariamente y, casi a cada hora de la siguiente manera: “Contemplen, como nuestros teósofos se aman unos a los otros”. Y temblamos al pensar que, al menos que enmendemos muchas e nuestras formas de actuar y de nuestras costumbres en a Sociedad Teosófica en general y que las suprimamos, la Revista Lucifer tendrá algún día que poner en evidencia más de un manchón en nuestro propio blazón, como es: el culto a la personalidad, la falta de caridad, y el hecho de sacrificar a la vanidad personal el bienestar de otros Teósofos de manera más “feroz” de lo que lo hacen las diferentes Iglesias de estado y la Sociedad Moderna, a las cuales hemos acusado de disimulación y abusos de poder.
Con todo, hay algunos Teósofos que olvidan la viga que tienen en su propio ojo, creyendo seriamente que es su deber el denunciar toda paja que perciben en el ojo de su vecino. Es así como, uno de nuestros miembros que estimamos muchos, y, que es un gran trabajador y de mente noble, escribe en relación a la mencionada 3a cláusula:
El “compromiso” obliga al que lo toma, a nunca hablar mal de nadie. Pero creo, que hay ocasiones en que la acusación severa es un deber para con la verdad. Hay casos de traición, falsedad, bellaquería en la vida privada que deben ser denunciados por todos aquellos que están ciertos de ello; y hay casos en la vida pública de venalidad y envilecimiento que los buenos ciudadanos están obligados a fustigar sin piedad. La cultura Teosófica no sería una bendición para el mundo si favoreciera la falta de hombría, la debilidad, y la flacidez del tejido moral…
Nos duele sinceramente el encontrar a un hermano tan valioso, sosteniendo tales puntos de vista equivocados. Primero que nada, pobre sería la cultura teosófica que no lograra transformar a un simple “buen ciudadano” de su propio país nativo, en un “buen ciudadano” del mundo. Un verdadero teósofo debe ser un cosmopolita de corazón. Debe abrazar a la humanidad, a toda la humanidad, en sus sentimientos filantrópicos. Es más elevado, y con mucho, más noble, el ser uno de aquellos que aman a sus semejantes, sin distinción de raza, credo, casta o color, que ser meramente un buen patriota, o aún menos un partisano. El medir con una medida a todos, es más santo y más divino que, ayudar a su país en sus ambiciones privadas de agrandamiento, lucha o guerras sangrientas en nombre de la CODICIA y el EGOISMO. Se nos dice que “la censura severa es un deber para con la verdad”. Y esto es así; a condición, sin embargo, de que uno censure y luche en contra de la raíz del mal y no gaste su furia tratando de derribar las flores irresponsables de su planta. El horticultor prudente desenraizará las yerbas parásitas, y a penas perderá su tiempo usando las tijeras de su jardín para cortar las puntas de las yerbas venenosas. Si un teósofo, fuese por casualidad funcionario
público, juez o magistrado, abogado o incluso predicador, entonces sería desde luego el deber para con su país, su conciencia y con aquellos que han confiado en él, “el denunciar severamente” todo caso de “traición, falsedad y bribonería” aún en la vida privada; pero –nota bene– solo si se le pide o se le llama a ejercer su autoridad legal, y, no de otra manera. Esto no sería ni “hablar mal” ni “condenar”, sino trabajar verdaderamente por la humanidad; tratando de preservar a la sociedad de la cual es parte, para que no sea engañada y protegiendo la propiedad de los ciudadanos confiada a su cuidado como funcionario público, para que no le sea arrebatada temerariamente. Pero incluso entonces el teósofo podrá hacer valer sus derechos como magistrado. mostrando su misericordia al repetir como el severo juez de Shakespeare: “Demuestro mucho más cuando muestro justicia”.
Pero ¿qué tiene que ver con los delitos de sus semejantes un miembro “común y corriente” de la Sociedad Teosófica, independiente de cualquier función pública o puesto y que no es ni juez ni fiscal público. Ni tampoco predicador? Sí un miembro de la S.T. fuese culpable de alguno de los crímenes enumerados más arriba. o de incluso un crimen aún peor, y si otro miembro contara con evidencia irrefutable respecto a esto podría llegar a ser su penoso deber de hacerlo del conocimiento del consejo de su Rama. Nuestra Sociedad tiene que ser protegida, así como sus numerosos miembros. Esto asimismo, sólo sería simple justicia. Una enunciación natural y veraz de hechos no puede ser considerada “hablar mal”, o como acusación de un hermano. Sin embargo entre esto, y una calumnia o murmuración hay un gran abismo. La cláusula 3 sólo se refiere a aquellos que, no siendo de ninguna manera responsables de la acciones de sus semejantes o de su modo de vida, no obstante, los juzgan y condenan en toda oportunidad. Y en tales casos esto sé convierte en “difamación” y “hablar mal”.
Así es como entendemos la cláusula en cuestión; ni tampoco creemos que al hacerla valer “la cultura teosófica” “está promoviendo falta de hombría, debilidad o flacidez en el tejido moral”, sino todo lo contrario. Creemos que el verdadero valor no tiene nada que ver con la acusación; hay poca hombría en criticar y condenar a nuestros semejantes por detrás de sus espaldas, ya sea por algo malo que hayan hecho a otros o por agravios hacia nosotros. ¿Consideraríamos como “falta de hombría” las virtudes sin paralelo inculcadas por Gautama el Buddha, o el Jesús de los Evangélicos? Entonces la ética predicada por el primero; ese código moral que el profesor Max Müller, Burnouf e incluso Barthélemy Saint–Hillaire han declarado unánimemente como el más perfecto que haya conocido el mundo, no sería nada mejor que unas palabras sin sentido, y más valdría que nunca se hubiese escrito el Sermón de la Montaña. ¡Considera entonces nuestro correspondiente como debilidad y falta de hombría la enseñanza de no resistencia al mal, de bondad hacia “todas” las criaturas y del sacrificio de sí mismo por el bien de otros? ¿Y debemos ver los mandamientos de, “No juzgues para que no seas juzgado” y Envaina tu espada… porque el que vive por la espada perecerá por la espada”, como “flacidez del tejido moral” o como la voz de Karma?
Pero nuestro correspondiente no es el único que piensa de esta manera. Son muchos los hombres y mujeres, buenos. caritativos, abnegados, y, que aceptarían sin dudar todas las otras cláusulas del “Compromiso”, que no se sienten a gusto y casi tiemblan ante este artículo especial. ¿Pero por qué? La respuesta es fácil: simplemente porque temen incurrir en PERJURIO, inconsciente (para ellos), y casi inevitable.
La moraleja de la fábula y su conclusión son sugerentes. Es una bofetada directa en la cara de la educación Cristiana y de nuestra sociedad moderna civilizada en todos sus círculos y en toda tierra Cristiana. Este hábito de hablar de manera no caritativa de nuestros semejantes y hermanos a toda oportunidad; es un cáncer moral que la corroído tan profundamente el corazón de todas las clases de la Sociedad desde la más baja hasta la más alta, ¡que ha conducido a sus mejores miembros a sentir poca confianza en sus propias lenguas! Por la mera fuerza de hábito, no se atreven a confiar en ellos mismos, que se abstendrán de criticar a otros. Este es un “signo de los tiempos” totalmente siniestro.
En verdad, la mayoría de nosotros, de cualquier nacionalidad, hemos nacido y hemos sido criados en una densa atmósfera de chismes, críticas no caritativas y censura al por mayor. Nuestra educación en esta dirección comienza en la casa de cuna. donde la enfermera en jefe odia a la aya. esta última odia a la institutriz y a las demás enfermeras y sin importar la presencia de los “bebés” Y de los niños, refunfuñan incesantemente en contra de los jefes, criticándose entre sí, y haciendo observaciones descaradas de cada visitante. El mismo entretenimiento nos sigue en el salón de clases, ya sea en casa o en la escuela pública. Alcanza la cima del desarrollo ético durante los años de nuestra educación e instrucción religiosa práctica. Somos embebidos hasta los tuétanos con la convicción de que, aunque hayamos “nacido en pecado y total depravación”, nuestra religión es la única que pude salvamos de la condenación eterna, mientras que el resto de la humanidad está predestinado desde las profundidades de la eternidad al inextinguible fuego del infierno. Se nos enseña que el calumniar al Dios de todo otro pueblo y religión es un signo de reverencia para con nuestros propios ídolos y es una acción meritoria. Se inculca sobre nuestras mentes plásticas jóvenes, la figura de un “Señor Dios”, el “Absoluto personal” siempre difamando y condenando aquellos que ha creado, maldiciendo a los testarudos Judíos y tentando a los Gentiles.
Por años las mentes de los jóvenes Protestantes son periódicamente enriquecidas con una selección de maldiciones, tomadas del oficio religioso del Miércoles de Ceniza, denominado De la Amenaza (Commination), en el cual “se proclama la ira de Dios y el juicio de los pecadores”, además de la condenación eterna para la mayoría de las criaturas; por su parte el joven Católico desde su nacimiento escucha constantemente las amenazas de maldición y excomunión de su Iglesia. Es en la Biblia y en el libro de oraciones de la Iglesia de Inglaterra que los muchachos y muchachas de todas las clases conocen la existencia de vicios, la mención de los cuales, en las obras de Zola, caen bajo la prohibición de la ley como inmorales y depravadas, pero ante cuya enumeración y maldición en las Iglesias, jóvenes y viejos tienen que decir “Amén”, después del ministro del manso y humilde Jesús. Este último dijo, no jures. no maldigas, no condenes sino que “ama a tus enemigos, bendice a los que te maldicen, haz el bien a los que te odian y persiguen”. Pero el canon de la iglesia y, del clero les dice: De ninguna manera. Hay crímenes y vicios, “por los que vosotros afirmáis con vuestras propias bocas que es legítima la maldición de Dios” (Ver los oficios religiosos “De la Amenaza” (Commination). No es de extrañar entonces que posteriormente en la vida, los. Piadosos Cristianos traten de emular a “Dios” y al sacerdote. ya que en sus oídos aún suenan las palabras, “Maldecido será aquel que remueva las mojoneras de su vecino” y “Maldecido será el que haga aquello o lo otro. Incluso, aquel que ponga su confianza en el hombre”(¡!), y con el juicio y condenación de “Dios”. Ellos juzgan y condenan a diestra y siniestra dando rienda suelta a la calumnia y a la “amenaza” (Comminating) al por mayor, por su propia cuenta ¿Acaso se olvidan de que en la última maldición –el anatema en contra de los adúlteros y borrachos, idolatras y extorsionadores, –van incluidos también “los CRUELES y los CALUMNIADORES”?¿Y que al haberse unido al solemne “amén” después de este último rayo Cristiano, han afirmado “con sus propias bocas que se cumpla la maldición de Dios” sobre sus propias cabezas pecadoras?
Pero esto no parece preocuparle mucho a nuestra sociedad de difamadores. Porque tan pronto como dejan sus bancos de escuela, los niños educados religiosamente, hijos de padres que frecuentan la iglesia, son tomados de la mano por aquellos que los precedieron. Aleccionados por las lenguas más viejas y de mayor experiencia para pasar su examen final, en esa escuela de escándalos, llamada el mundo, y obtener su Maestría en Humanidades en la ciencia de la hipocresía y la amenaza, un miembro respetable de la sociedad sólo tiene que afiliarse a una congregación religiosa: y convertirse en mayordomo de una cofradía o dama protectora.
¿Quién se atrevería a negar que en nuestra época, la sociedad moderna en su aspecto general, se ha convertido en una vasta arena para semejantes crímenes morales, realizados entre dos tazas del té de las cinco de la tarde y entre alegres bromas y risas? La sociedad es ahora más que nunca una especie de matadero internacional bajo las ondulantes banderas de las reuniones sociales: y el Cristianismo clerical y la cultivada charla ociosa del mundo, en las que cada uno se convierte a su tuno, tan pronto como da la espalda, en la víctima sacrificial y ofrenda de pecado para expiación, cuya carne chamuscada es percibida con deleite por las narices de la Sra. Grundy, una dama mojigata orgullosamente apegada al convencionalismo. “Recemos hermanos y demos gracias al Dios de Abraham y de Isaac porque ya no vivimos en los días del Cruel Nerón”, ¡oh!, y también agradezcamos que ya no vivimos bajo el peligro de ser lanzados a los leones, en la arena del Coliseo, para morir una muerte comparativamente rápida bajo las fauces de una hambrienta bestia salvaje! El Cristianismo se jacta de que nuestras formas de vivir y costumbres han sido maravillosamente suavizadas bajo la benéfica sombra de la Cruz. Sin embargo, sólo basta que entremos a una reunión moderna para que encontremos una representación simbólica, verdaderamente real, de las mismas fieras salvajes gozando de un festín y deleitándose , con los restos de huesos destrozados de sus mejores amigos. Miren a esos grandes gatos llenos de gracia y tan feroces, quienes con dulces sonrisas y ojos inocentes afilan sus garras color de rosa en preparación para jugar al gato y al ratón. ¡Hay del pobre ratón en el que se fijen esos orgullosos felinos de Sociedad! El ratón estará sangrando por años antes de que se le permita desangrarse para morir. Las víctimas tendrán que sufrir un martirio moral inaudito, enterándose por medio de los periódicos y los amigos que han sido encontrados culpables en uno u otro tiempo de la vida, de todos y cada uno de los vicios y crímenes enumerados en el oficio religioso de la Amenaza (Commination Service), hasta que, para evitar ser perseguidos, los susodichos ratones se convierten a su vez en feroces gatos de sociedad, haciendo temblar a su turno a otros ratones. ¿Cuál de las dos arenas será preferible. mis hermanos: la de los antiguos paganos o la de los países Cristianos?
Addison no tuvo palabras de desprecio suficientemente fuertes para reprender este chisme de Sociedad de los Caínes mundanos de ambos sexos.
¿Qué tan frecuente puede acabarse con la honestidad y la integridad de un hombre [se exclama él] por medio de una sonrisa o un simple encogimiento de hombros? ¿Cuántas acciones buenas y generosas se han hundido en el olvido por una mirada desconfiada, o han sido estampadas con la imputación de proceder de malos motivos, por un misterioso y oportuno susurro dicho al oído? Miren… que porción tan grande de castidad se pierde en el mundo por insinuaciones distantes– movimientos de cabeza y crueles guiños de ojos significando sospecha, provocados por la envidia de aquellos que se encuentran más allá de toda tentación. Qué tan frecuente se hace sangrar la reputación de una criatura inocente a través de un reporte –el cual aquellos que se toman el trabajo de propagarlo dicen con gran piedad y, simpatía, ¡que lo sienten mucho y esperan en Dios que no sea cierto!
De Addison pasamos a Sterne el cual trata este tema y, parece continuar esta imagen diciendo que:
Tan fructífera es la calumnia en variedad de recursos para saciar, al igual que para disfrazarse, que si esas armas tan sutiles cortan con tanto dolor; ¿qué Podríamos decir del escándalo abierto y desvergonzado, sujeto a ningún recato y restringido a ninguna limitación? Si la primera como una flecha disparada en la obscuridad. causa sin embargo tanto daño secreto, este último, como la peste, que con rabia ataca al medio día. barre con todo lo que encuentra arrasando por igual lo bueno y lo malo: un millar cae frente a él y diez mil a su derecha; todos caen, tan desgarrados y hechos pedazos en la parte más tierna de ellos mismos, y tan despiadadamente masacrados que a veces nunca se recobran de las heridas o de la angustia del corazón que les han ocasionado.
Tales son los resultados de la calumnia y la difamación y desde el punto de vista de Karma, muchos de esos casos equivalen a más que un crimen a sangre fría. Por lo tanto, aquellos de entre los “Miembros trabajadores” de la Sociedad Teosófica que quieran llevar la “vida superior”, deben sujetarse a esta promesa solemne, o permanecer como miembros haraganes o parásitos. No es a estos últimos a los que se dirigen estas páginas, ni tampoco se sentirán interesados por esta cuestión, ni tampoco es un consejo que se ofrezca a todos los miembros de la S.T. en general. Ya que el “Compromiso” bajo discusión es solamente tomado por aquellos Miembros que han comenzado a ser referidos en nuestros círculos de las “logias” como miembros “trabajadores” de la S.T. Todos los demás, esto es, aquellos miembros que prefieren permanecer como ornamentos, y pertenecer a los grupos de “admiración” mutua; o aquellos que habiéndose afiliado por mera curiosidad, y sin cortar su conexión con la Sociedad se han ido calladamente; o por otra parte, aquellos que sólo han preservado un interés (si aún lo hubiere) superficial, una simpatía tibia por el movimiento –y estos constituyen la mayoría en Inglaterra– todos estos no necesitan agobiarse con semejante promesa. Habiendo sido por años el “Coro Griego” en el bullicioso drama escenificado. Ahora conocido como la Sociedad Teosófica, ellos prefieren permanecer como son. Considerando. su número, el “coro”, sólo tiene que ser, como en el pasado, un espectador de lo que pasa en la acción de las dramatis personae y sólo se requiere que exprese ocasionalmente sus sentimientos. repitiendo las gemas finales de los monólogos de los actores, o permanecer callado –de acuerdo a lo que elija. “Los filósofos de un día”– como los llama Carlyle, no desean, ni tampoco deseamos que “se afilien”. Por lo tanto, aún si estas líneas encontraran sus ojos, se les pide respetuosamente recordar que lo que se ha dicho no se refiere a ninguna de las clases de miembros enumerados más arriba. La mayoría de ellos se ha afiliado a la Sociedad como habrían comprado un libro barato. Atraídos por lo novedoso de su encuadernación. lo abrieron: Y después de darle un vistazo al contenido y al título al lema y a la dedicatoria, lo han arrinconado en una repisa escondida. no volviendo a pensar más en él. Tienen derecho al volumen, en virtud de haberlo comprado pero se referirán a él, no más de lo que lo harían de un mueble anticuado relegado como un armatoste al cuarto de trastos viejos, porque su asiento no es suficientemente confortable, o está fuera de proporción respecto a su estatura moral e intelectual. En uno de cada cien, esos miembros no verán ni siquiera Lucifer porque ya se ha convertido ahora en un asunto de estadísticas teosóficas, que más de dos tercios de sus suscriptores no son teósofos. Ni tampoco son más afortunados que nosotros, el Theosophist de Madrás, el Path de Nueva York, el Le Lotus Frances y, ni siquiera el maravillosamente barato e internacional “T.P.S.” (Theosophical Publishing Society, de 7, Duke Street, Adelphi). Como todos los profetas, no carecen de honores y buen nombre, salvo en sus propios países, y sus voces en los campos de la Teosofía, son verdaderamente “como la voz del que clama en el desierto”. Esto no es una exageración. Entre los respectivos suscriptores de esas diferentes publicaciones Teosóficas, los miembros de la S.T. de los cuales ellas son sus órganos y para cuyo único beneficio se pusieron en marcha (sus editores, directores y todo el personal de colaboradores constantes que trabajan gratis y que además pagan de sus propios y generalmente muy escasos bolsillos, a los impresores, a los editores y ocasionalmente a los colaboradores) son en promedio el 15 por ciento. Este es también un signo de los tiempos, y muestra la diferencia entra los Teósofos que “trabajan” y los que “descansan”.
No debemos terminar sin dirigimos una vez más a los primeros. ¿Quién de estos asumiría la responsabilidad de mantener, que la cláusula 3 no es un principio fundamental del código de ética que debe guiar a todo Teósofo que aspire a convertirse en uno de verdad? ¿Siendo una asociación de hombres y mujeres tan grande. Compuesta de nacionalidades, caracteres, credos y formas de pensar de lo más heterogéneas, está expuesta por esa misma razón, a encontrar excusas fáciles para disputas y rivalidades. Por ello, la cláusula en cuestión debe llegar a ser parte integrante de las obligaciones de cada miembro –trabajador u ornamental– que se adhiera al movimiento Teosófico. Nosotros pensamos así, y lo dejaremos a la futura consideración de los representantes del Consejo General que se reunirán en el siguiente aniversario en Adyar. En una Sociedad que pretende seguir un elevado sistema de ética –la esencia de todos los códigos anteriores de ética– y la cual confiesa abiertamente sus aspiraciones a emular y avergonzar por su ejemplo práctico y forma de vida a los seguidores de toda religión. Un compromiso como éste, constituye el sine qua non del éxito de esa SOCIEDAD. En una agrupación en donde “cerca de la malsana ortiga florece la rosa”, un compromiso de tal naturaleza es la única salvación. Ninguna ética vista como una ciencia de deberes mutuos –ya sean sociales, religiosos o filosóficos– de un hombre a otro hombre podrá
considerarse completa o consistente, al menos que tal regla se ponga en vigor. Y no sólo esto, sino que, si no queremos que nuestra Sociedad se convierta de facto y de jure en una gigantesca farsa que desfila con pompa y ostentación bajo su insignia de la “Fraternidad Universal” –cada vez que se viole esa ley de leyes, deberá seguirse la expulsión del calumniador o difamador. Ningún hombre honesto. y menos aún un Teósofo. podrá pasar por alto las siguientes líneas de Horacio:
Aquel que insulta o se burla de sus amigos ausentes,
O que no los defiende al oír que los difaman:
Anda contando chismes y causa el descrédito de sus amigos. Ten cuidado de él, porque de seguro ese hombre es un BRIBON
(Is Denunciation a Duty?, Lucifer, dec. 1888)
Extracto importantísimo del libro de Joy Mills, La D.S. su estudio y aplicación práctica
¡Queridos amigos y hermanos!Buscando en mi archivo he encontrado este…
Extracto importantísimo del libro de Joy Mills, La D.S. su estudio y aplicación práctica.
Recibid un abrazo grande.
Clarisa
SEIS IDEAS IMPORTANTES
Mme. Blavatsky luego sugiere que “Sigamos con el estudio de la Recapitulación” –los ítems incluidos en el “Resumen”, al final del Vol. I, (pág. 283).
Aquí encontramos seis ideas importantes, necesarias para nuestra comprensión de toda La Doctrina Secreta:
Primero,está el hecho que la Doctrina Esotérica es “la Sabiduría acumulada de los siglos… un registro ininterrumpido” que nos ha llegado a través del tiempo, expresada en alegoría y símbolo, depositada en mitos y leyendas, perceptible siempre para quienes desean la Percepción.
Segundo, se nos recuerda que la Ley Fundamental de la filosofía esotérica es la Unidad de todas las cosas: “Sustancia” en el plano del Universo manifestado… un “Principio” en el Espacio sin principio ni fin, abstracto, visible e invisible”.
Tercero, se nos recuerda el Principio Universal de desarrollo rítmico, manifestación cíclica que tiene lugar en todo nivel.
Cuarto,este concepto nos introduce a uno de los misterios más grandes de la Filosofía Esotérica, la naturaleza efímera de toda la existencia, la Doctrina de Maya, desafortunadamente mal interpretada muy a menudo. Porque Maya es no tanto unailusión, según nuestra comprensión común de esa palabra, sino un paso medido de lamanifestación. La palabra raíz aquí es ma, que significa medir. Las energías que se manifiestan de un Logos Creador, se expresan simplemente en un orden medido; aquí en el mundo físico esas energías alcanzan sus confines más limitados en medidas de tiempo y espacio. Maya, por lo tanto, en su sentido más elevado es el aspecto creador de la Realidad. No es una ilusión, es el productor de todas las formas ilusorias, apariencias, cambios y transitoriedades y es realmente el que desvela al Espíritu que inspira todas las formas.
Como señala H.P.B.: “…el Universo es lo suficientemente real para los seres conscientes que hay en él” (vol. I, pág. 287), porque “la ilusión de aquél que es en sí mismo una ilusión, difiere en cada Plano de Conciencia” (Vol. II,pág. 40). La consciencia es la percepción medida de la “Sustancia–Principio” Única y cuando cesa la medida, la Consciencia se dirige hacia lo Absoluto inconmensurable, transformándose en no–consciencia, el estado descrito bellamente en la Primera Stanza y en los comentarios posteriores.
Quinto, este concepto de la Recapitulación nos recuerda que “Todo en el Universo… es consciente”. Es el desarrollo de la Conciencia lo que provee el propósito de la manifestación y la Doctrina de Maya asume un nuevo significado para nosotros. H.P.B. señala que (Vol. I, pág. 304) “la experiencia de cualquier Plano es una realidad para el ser que percibe, cuya consciencia está en ese Plano”.
Desde este punto de vista podemos proseguir en nuestros estudios a la consideración del Vol. II, Sección III, “Sustancia Primordial y Pensamiento Divino”. Aquí nos enfrentamos con el ordenamiento del proceso evolutivo, la Energía Cósmica (Fohat) distribuyendo la Sustancia Cósmica (Akasha) bajo las directivas de la Ideación Cósmica (Mahat). De este modo surge el:
Sexto gran concepto, resumido por H.P.B. en la Recapitulación: “El Universo es elaborado y guiado, de dentro hacia fuera”.
Filósofos y Filosofastros
H.P. BLAVATSKY
Filósofos y Filosofastros
Interpretaremos en vano sus palabras mediante las nociones de nuestra filosofía y de las doctrinas en nuestras escuelas.
—Locke
El conocimiento más ínfimo es un conocimiento fragmentado; la ciencia es un conocimiento parcialmente unificado; la filosofía es un conocimiento completamente íntegro.
—Herbert Spencer, Principios Primarios
Insidiosos detractores someten nuevas acusaciones contra la Sociedad Teosófica en general y la Teosofía en particular. Vamos a resumirlas a lo largo del artículo, indicando las más «recientes.»
Nos imputan de ser ilógicos en la «Constitución y en las Reglas» de la Sociedad Teosófica y contradictorios en su aplicación práctica. Lo que sigue es la manera en la cual expresan las acusaciones:
En la «Constitución y Reglas» publicadas, se enfatiza mucho el carácter absolutamente asectario de la Sociedad Teosófica, insistiendo en la ausencia de un credo, una filosofía, una religión, un dogma y hasta de concepciones propias que abogar y aún menos que imponer a sus miembros. No obstante todo:
«¿No es, quizá, un hecho innegable que los Fundadores y los miembros más importantes de la Sociedad, mantengan ciertos conceptos muy definidos de carácter filosófico y, rigurosamente hablando, religioso?
«Por supuesto,» contestamos. «Pero, ¿dónde está la presunta contradicción en esto? La Sociedad Teosófica no está constituida por los Fundadores, ni por sus «miembros más importantes» y ni por la mayoría de ellos. Estos son simplemente una cierta porción de la Sociedad que, no teniendo ningún credo como conjunto, permite a los miembros de creer en lo que les plazca y como les plazca.» A esta respuesta nos redarguyen:
«Lo anterior es muy cierto, sin embargo, la denominación colectiva de estas doctrinas es ‘Teosofía.’ ¿Cómo explican esto?»
Nuestra respuesta es: «Llamarlas así es un error ‘colectivo’; una de estas terminologías aproximativas aplicadas a temas que deberían definirse con más esmero, sin embargo, el descuido de los miembros en implementar esto, ahora está dando sus frutos. En realidad, es una desatención tan deletérea como aquella que siguió a la confusión de los dos términos ‘buddhismo’
y ‘bodhismo,’ desembocando en la consideración errónea de que la filosofía de la Sabiduría era la religión de Buddha.»
Sin embargo, se persiste sosteniendo que al examinar estas doctrinas, es muy patente que todo el trabajo que la Sociedad, como grupo, ha realizado en oriente y en occidente, dependió de éstas. Lo anterior es ostensiblemente verdadero en lo que concierne, según afirman los teósofos, a la doctrina de la unidad subyacente en todas las religiones y la existencia de una fuente común llamada religión-Sabiduría, la enseñanza secreta de la cual, según las mismas afirmaciones, derivaron, directa o indirectamente, todas las formas de religión. Al admitir esto, nos apremian para que expliquemos: ¿cómo podemos decir que la Sociedad Teosófica, en calidad de grupo, no tiene ninguna concepción o doctrina particular que inculcar, ningún credo y ningún dogma, cuándo éstos son «el meollo de la Sociedad, su verdadero corazón y alma?»
Contestaremos sólo diciendo que es otro error. Las enseñanzas en cuestión son, innegablemente, el «meollo de las Sociedades Teosóficas» occidentales, sin embargo esto no es así en oriente, donde las sucursales se deben casi quintuplicar. Si dichas doctrinas fuesen «el corazón y el alma» de todo el grupo, entonces, la Teosofía y la Sociedad Teosófica deberían haber perecido en la India y en Ceilán desde 1885. Sin embargo, esto no corresponde a la realidad. En efecto, 1885 es la fecha en la cual, no sólo se han abandonado virtualmente en Adyar; ya que no había nadie que las impartiera; sino que, mientras algunos teósofos brahmanes se opusieron a la divulgación pública de tal enseñanza, otros, los más ortodoxos, pugnaron contra ellas por ser antitéticas con sus sistemas exotéricos.
Estos son hechos evidentes. Sin embargo, cuando contestamos que no es así y que la Sociedad Teosófica como grupo no enseña ninguna religión particular; sino tolera y virtualmente acepta todas las religiones sin jamás interferir o indagar en los conceptos religiosos de sus miembros, nuestros oponentes capciosos y contrincantes amigables no se quedan satisfechos. Al contrario, la mayoría nos desconcierta con la siguiente objeción increíble:
«¿Cómo es posible esto si la creencia en el ‘Buddhismo Esotérico’ es un factor imprescindible para ser aceptado como Miembro de vuestra Sociedad?»
Es fútil persistir en la protesta, es inútil asegurar a nuestros contrincantes que en la Sociedad Teosófica no esperamos ni obligamos a creer en el Buddhismo como no esperamos reverencia para el dios mono Hanuman, aquel con la cola chamuscada o creencia en Mahoma y su yegua canonizada. No tiene caso tratar de explicar que, como la Sociedad Teosófica cuenta con un número equivalente de brahmanes, musulmanes, parsis, judíos, cristianos, buddhistas y más, no podemos esperar que todos se conviertan en seguidores de Buddha ni del buddhismo, por esotérico que sea. Al mismo tiempo, no podemos hacerles entender que las doctrinas ocultas, algunas de cuyas enseñanzas fundamentales se encuentran delineadas ampliamente en la obra de Sinnett: «El Buddhismo Esotérico,» no son la Teosofía completa, ni siquiera son las doctrinas secretas orientales completas, sino una porción muy pequeña, ya que el ocultismo es simplemente una de las Ciencias de la Teosofía o la Religión-Sabiduría y no es, en absoluto, la Teosofía completa.
Sin embargo, estas ideas parecen estar tan firmemente arraigadas en la mente del británico común, que equivaldría a decirle que existen rusos que no son nihilistas ni panslavistas y que no todos los franceses comen diariamente ranas. El simplemente rechazará de creerte. Parece que el prejuicio contra la Teosofía se ha convertido en parte del sentimiento nacional. Durante casi tres años, la presente escritora, secundada por un nutrido grupo de teósofos, ha tratado en vano de barrer del cerebro público una de las fantásticas telarañas con las cuales se guarnece y ahora está
en víspera de abandonar este conato desesperada. Mientras la mitad de los ingleses continuará confundiendo la Teosofía con el «buddhismo esotérico,» el resto persistirá pronunciando el nombre de Buddha, honrado en todo el mundo, como si dijera mantequilla.1
Ellos son también los artífices de la proposición que la prensa petulante ahora ha adoptado y según la cual: «la teosofía no es una filosofía; sino una religión y, actualmente, una secta.»
Por supuesto, la teosofía no es una filosofía simplemente porque incluye toda filosofía, ciencia y religión. Sin embargo, antes de probarlo una vez más, puede ser pertinente preguntar: ¿cuántos de nuestros críticos poseen una profunda versación sobre la verdadera definición del término que Pitágoras acuñó, para que lo nieguen de manera irreverente, a un sistema que conocen aún menos que la filosofía? ¿Se han familiarizado con sus mejores y más recientes definiciones o aún con las concepciones que W. Hamilton tenía al respecto y que ahora se consideran obsoletas? La respuesta es una negativa; ya que no aciertan a discernir que cada definición del género, muestra que la Teosofía es la verdadera síntesis de la Filosofía en su sentido abstracto más amplio y en sus calificaciones particulares. Tratemos, nuevamente, de dar una definición clara y concisa de la Teosofía mostrando que es la raíz y la esencia auténtica de todas las ciencias y los sistemas.
La Teosofía es «sabiduría divina o de dios.» Por lo tanto, debe ser el elemento vital de aquel sistema (filosofía) según cuya definición: «es la ciencia de las cosas divinas y humanas y las causas en las cuales están contenidas» (W. Hamilton), «causas» cuyas claves sólo la Teosofía posee. Al mantener presente la definición más elemental, nos damos cuenta de que la filosofía es el amor hacia la sabiduría y su búsqueda, «el conocimiento de los fenómenos que las causas y las razones, los poderes y las leyes explican y en los cuales se resuelven.» (Enciclopedia). Cuando se aplicaba a dios o a los dioses, en cada país se convirtió en teología. En la vertiente de la naturaleza material, se le llamaba física e historia natural. En el campo humano asumía el nombre de antropología y psicología, mientras una vez que se elevaba a las regiones superiores se le definía como metafísica. Esta es la filosofía: «la ciencia de los efectos determinados por sus causas,» el espíritu auténtico de la doctrina de Karma, la enseñanza más importante que cada filosofía religiosa califica con varios nombres. Es un principio teosófico que no pertenece a ninguna religión, sin embargo las explica todas. Una de las definiciones de la filosofía es: «la ciencia de las cosas posibles por cuanto posibles sean.» Esto es directamente aplicable a las doctrinas teosóficas; ya que rechazan el milagro; pero es de difícil aplicación en teología o en cualquier religión dogmática, pues cada una de ellas impone una creencia en cosas imposibles. Sin embargo, lo anterior, tampoco es pertinente a sistemas filosóficos modernos de los materialistas, los cuales rechazan aun lo «posible,» tan pronto como contradiga sus aserciones.
La teosofía pregona explicar y conciliar la religión con la ciencia. Según la declaración de G. H. Lewes en el primer volumen de «Historia de la Filosofía»: «La filosofía, desvinculando sus concepciones más amplias de la (teología y de la ciencia), facilita una doctrina que contiene una explicación del mundo y del destino humano. La tarea de la filosofía es la sistematización de las concepciones que la ciencia imparte […] La ciencia proporciona el conocimiento, la filosofía la doctrina. Esta última puede llegar a ser completa solo a condición de que este «conocimiento» y «doctrina» pasen por el tamiz de la Sabiduría Divina o Teosofía.
En la obra Historia de la Filosofía, encontramos la definición de Ueberweg según el cual la filosofía es «la ciencia de los Principios,» que, como todos nuestros miembros saben, es lo que la Teosofía afirma en sus diferentes ciencias de Alquimia, Astrología y ciencias ocultas en general.
Hegel la considera como «la contemplación del auto-desarrollo del Absoluto» o, en otras palabras, como «la representación de las Ideas («Darstellung der Idee»).
La Doctrina Secreta, en su integridad, cuya obra homónima es simplemente un átomo, es esta contemplación y registro hasta donde el idioma finito y el pensamiento limitado pueden grabar los procesos del infinito.
Así, es obvio que la Teosofía no puede ser una «religión» y aún menos «una secta»; sino que es la quintaesencia de la filosofía más elevada en todos y en cada uno de sus aspectos. Habiendo mostrado que incluye y responde completamente a toda descripción filosófica, vamos a agregar, a lo anterior, unas adicionales definiciones de W. Hamilton, avalando nuestra declaración al indicar la búsqueda de lo mismo en la literatura teosófica. Esta es una tarea suficientemente fácil; ya que ¿acaso la «Teosofía» no incluye «la ciencia de las cosas evidentemente deducidas de los principios primarios» como acontece con las ciencias de las verdades perceptibles y abstractas?» ¿No predica, además, «las aplicaciones de la razón a sus objetos legítimos,» convirtiendo la investigación en la «ciencia de la forma original del Ego o ser mental,» en uno de sus «objetos legítimos,» junto a la enseñanza del secreto de la «indiferencia absoluta de lo ideal y lo real?» Todo ésto prueba que, según cada definición filosófica antigua o nueva, aquel que estudia la Teosofía, estudia la filosofía trascendental superior.
No requiere esfuerzo notar las insensateces que la prensa divulga diariamente acerca de la Teosofía y los Teósofos. Las definiciones y los epítetos como «una nueva religión» y un «ismo,» «el sistema inventado por la alta sacerdotisa de la Teosofía» y otros apóstrofes igualmente ridículas, pueden dejarse a su destino. Han pasado desapercibidas y, en la mayoría de los casos, no suscitarán ningún interés.
A nuestra edad se le considera, preeminentemente, crítica: una era que analiza con esmero y cuyo público rechaza aceptar cualquier cosa que se proponga a su consideración, antes de haberla escudriñado meticulosamente. Esta es la vanagloria de nuestro siglo, sin embargo, no corresponde con la opinión del observador imparcial. En todas formas es una opinión altamente exagerada; ya que este escrutinio analítico tan ufanado, se aplica sólo a lo que no interfiere, de ninguna manera, con los prejuicios nacionales, sociales o personales. De otro lado, una fe ciega muy elástica nos induce a acoger con los brazos abiertos y aceptar con alegría, todo lo que es malévolo y destructivo para la reputación, protervo y difamatorio, perennizándolo en el chisme público, sin efectuar escrutinio alguno y sin vacilar. Os invitamos a que nos contradigan en este punto. Actualmente, a los caracteres impopulares y a su trabajo, no se les juzga conforme al valor intrínseco; sino simplemente según la personalidad del autor y la opinión preconcebida acerca de él o ella. En los periódicos, ninguna obra literaria de un teósofo puede esperar recibir una reseña por sus méritos, amén del parloteo concerniente a su autor. Estos rotativos, ignorando la regla que Aristóteles sentó, según la cual la crítica es «un parámetro de buen juicio,» rechazan, rotundamente, aceptar algún libro teosófico prescindiendo de su autor. Entonces, como primer resultado, a la obra se le juzga mediante el reflejo distorsionado del escritor, fruto de la denigración reiterada en los diarios. La personalidad del autor aletea como una sombra oscura entre la opinión del periodista moderno y la verdad diamantina. Mientras, como resultado final, en Europa y en América, existen pocos editores que sepan algo acerca de las doctrinas de nuestra Sociedad.
Entonces, ¿cómo es posible juzgar justamente la Teosofía o aún a la Sociedad Teosófica? No es nada nuevo decir que el verdadero crítico debería saber, al menos, algo con respecto al sujeto cuyo análisis está por emprender. No es muy arriesgado agregar que ninguno de nuestros Tersites sabe, de la forma más remota, lo que está diciendo. Con ésto incluimos a todos, desde el más pequeño al más grande.2 Sin embargo, cada vez que la palabra «Teosofía» aparece en la prensa y salta a la vista del lector, por lo general la anteceden y la siguen una lista de epítetos abusivos e improperios dirigidos a las personalidades de ciertos teósofos. El moderno editor, quien nos recuerda al tipo complaciente, es como el héroe byroniano: «No sabía que decir y por lo tanto imprecó contra» lo que trascendía su comprensión. Todas estas imprecaciones estriban, invariablemente, en antiguos chismes y denunciaciones mustias contra aquellos que, en las mentes ofuscadas, representan los «inventores» de la Teosofía. Si los isleños del Mar del Sur tuviesen un órgano de prensa, seguramente acusarían a los misioneros de ser los inventores del Cristianismo a fin de subvertir su fetichismo autóctono.
¡Oh refulgentes dioses de la verdad! ¿por cuánto tiempo durará esta terrible ceguera mental de los Filósofos del siglo XIX? ¿Por cuánto más tiempo deberemos decirles que la Teosofía no es una propiedad nacional, ni una religión, sino el único código universal de la ciencia y de la ética más trascendental nunca conocido? Está a la base de toda filosofía y religión moral. Ni la Teosofía como tal, ni su humilde e indigno vehículo, la Sociedad Teosófica, tienen, atingencia alguna, con cualquier personalidad o personalidades. Identificarla con estas últimas, implica mostrarse tristemente deficientes en la lógica y también en el sentido común. Rechazar la enseñanza y su filosofía bajo el pretexto de que los líderes, o mejor dicho, uno de sus Fundadores, es objeto de varias acusaciones (hasta la fecha no probadas), es una actitud estólida, ilógica y absurda. En verdad, es tan ridículo como si, en los días de la escuela neoplatónica alejandrina, que en esencia era Teosofía, se hubiese rechazado sus enseñanzas porque provenían de Platón, el cual las recibió del sabio ateniense Sócrates, quien, además de tener una nariz respingona y una cabeza calva, era acusado de «vilipendiar y corromper a la juventud.»
¡Ay! críticos gentiles y generosos, que os llamáis cristianos y os ufanáis de la civilización y progreso de vuestra edad. Basta sólo rasgaros la superficie para encontrar en vosotros el mismo «bárbaro» cruel e inclinado al prejuicio de antaño. Si se os ofreciera la oportunidad de participar en el proceso legal de un teósofo, ¿quién, entre vosotros, se elevaría, en vuestro siglo xix de Cristianismo, más alto que uno del dicasterio ateniense con sus 500 jurados, quienes condenaron a muerte a Sócrates? ¿Quién, entre vosotros, desdeñaría convertirse en un Meleto o en un Anyto, para que la Teosofía y todos sus adherentes, fuesen condenados a una muerte igualmente nefanda, basándose en la prueba de falso testimonio? El odio manifestado en vuestras acometidas diarias contra los teósofos, avala cuanto he dicho. ¿Quizá Haywood pensaba en vosotros cuando, escribiendo sobre la censura de la sociedad dijo:
¡Oh! que el mundo excesivamente proclive a la censura aprenda
Esta sana regla y que los unos acepten a los otros;
Sin embargo, el ser humano, como si fuese un enemigo de su especie, Se refocila en reportar las culpas ajenas
Juzgando severamente toda pequeña ofensa
Y pavoneándose en el escándalo […]
A muchos escritores optimistas, les gustaría hacer de este nuestro siglo mercantil una edad de filosofía, llamándola renacimiento. No logramos encontrar, fuera de la Sociedad Teosófica, ningún conato para reanimar a la filosofía, a menos que se omita el significado original de esta palabra; ya que, no importa a donde dirijamos la mirada, encontramos que a la verdadera filosofía se le acoge con frío desdén. Un escéptico nunca podrá aspirar a este título. Aquel que es capaz de imaginar el universo, con su sirvienta la naturaleza, como fortuito, empollándose, como la gallina negra de la fábula, del huevo autocreado y colgante del universo, no tiene el poder de pensar, ni la facultad espiritual de percibir las verdades abstractas. Este poder y esta facultad son
los primeros requisitos de una mente filosófica. Todo el campo de la ciencia moderna está constelado por estos materialistas, quienes, aún reclaman que se les considere como filósofos, pero, en realidad, o no creen en nada, como los secularistas o dudan conforme a la manera de los agnósticos. Al tener presente los sabios aforismos de Bacon, discernimos que el materialista moderno es objeto de condena por boca del Fundador de su método inductivo, si lo yuxtaponemos con la filosofía deductiva de Platón, aceptada en Teosofía. ¿Acaso, Bacon no dice que: «un estudio superficial de la filosofía suscita la duda, mientras su meticulosa exploración la disipa y un poco de filosofía inclina la mente humana al ateismo; mientras su estudio profundo la avecina a la religión?»
Sin reparo, la deducción lógica de lo anterior es que ninguno de los actuales darwinistas, materialistas y sus admiradores, nuestros críticos, emprendió el estudio de la filosofía, si no de manera muy «superficial.» Por lo tanto, mientras los Teósofos tienen un derecho legítimo al título de filósofos: verdaderos «amantes de la Sabiduría,» sus críticos y detractores son, en el mejor de los casos, filosofastros, la progenie del filosofismo moderno.
Lucifer, Octubre de 1889
Notas
1 La autora hace énfasis en el juego de pronunciación entre la palabra «Buddha» y «mantequilla» que, en el idioma inglés es butter. (N.d.T.)
2 Desde el Júpiter Tronante del «Saturday Review» al procaz editor del «Mirror.» Según se afirma, el primero puede ser una de las autoridades vivientes más grandes en el campo de la censura y el otro en aquello de la «portentosa» lectura del pensamiento, sin embargo, ambos ignoran lo que es la Teosofía y son tan obnubilados en lo que concierne a su verdadero objetivo y propósito como lo son dos lechuzas en la luz matutina.
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FORMA DE SOLIDARIDAD Y SER ÚTILES A LOS DEMÁS
Esta conferencia, impartida el 6 junio 2024 en Valencia (España), trata de la SOLIDARIDAD, de las distintas motivaciones o niveles desde los que podemos ser más o menos solidarios. Hablamos de qué actitudes o medios psicológicos podemos aplicar para aumentar en cantidad y calidad nuestra solidaridad, así como las formas y ámbitos en los que se puede desarrollar: necesidades materiales, enfermedades, problemas psicológicos, ecología, política, sociedad, etc.
Fundamentos de la Filosofía Esotérica
Fundamentos de la Filosofía Esotérica
G. De Purucker
Helena Blavatsky libros pdf [Bibliografía completa]
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la edad de 17 años, Helena Hahn se casó con Nikifor V. Blavatsky, un oficial militar ruso y vicegobernador provincial, pero se separaron después de unos meses. Se interesó por el ocultismo y el espiritismo y durante muchos años viajó extensamente por Asia, Europa y los Estados Unidos; También afirmó haber pasado varios años en la India y el Tíbet estudiando con gurús hindúes . En 1873 fue a la ciudad de Nueva York , donde conoció y se convirtió en una compañera cercana de Henry Steel Olcott , y en 1875 ellos y otras personas prominentes fundaron la Sociedad Teosófica.
En 1877 su primer trabajo importante, Isis Revelado , fue publicado. En este libro criticó la ciencia y la religión de su época y afirmó que la experiencia mística y la doctrina eran los medios para lograr una verdadera comprensión y autoridad espiritual. Aunque Isis Develado atrajo la atención, la sociedad disminuyó. En 1879 Blavatsky y Olcott fueron a la India; tres años más tarde establecieron la sede de la Sociedad Teosófica en Adyar, cerca de Madrás, y comenzaron a publicar el diario de la sociedad, The Theosophist, que Blavatsky editó de 1879 a 1888. La sociedad pronto desarrolló un fuerte seguimiento en la India.
Algunos de Helena Blavatsky PDF que se encuentran en esa carpeta son los siguientes:
Presentacion-de-la-Comunidad-Fratres-Lucis
A Origem do Ritual
Al País de las Montañas Azules de Blavatsky
Blavatksy Helena – Carta a Xifre
Blavatsky Helena – Ocultismo Practico
Blavatsky Helena – Origen del ritual en la Iglesia y la Masoneria [port]
Blavatsky Helena – Voz del silencio version 2
Blavatsky, H. P. – Ocultismo práctico
Blavatsky, Helena – Dialogos de la Logia Blavatsky
Blavatsky, Helena – Estudios ocultistas
Blavatsky, Helena – Gemas de Oriente
Blavatsky, Helena – La clave de la Teosofia [port]
Blavatsky, Helena – La doctrina de las eras arcaicas
Blavatsky, Helena – La voz del silencio [port]
Blavatsky, Helena – La Voz del Silencio
Blavatsky, Helena – Narraciones ocultistas y cuentos macabros
Blavatsky, Helena – Origen del ritual en la Iglesia y la Masoneria
Blavatsky_ Helena – Dialogos de la Logia Blavatsky
Blavatsky_ Helena – La doctrina de las eras arcaicas
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