AYUDA PARA DANIEL

REFLEXIÓN TAL VEZ POLÍTICAMENTE INCORRECTA. DE EMPATÍA, SOLIDARIDAD Y AKABALI.

Escribir, como a muchos, me ayuda a canalizar algunas emociones y poner en orden algunos pensamientos que de otra manera no sabría ordenar. Los de esta tarde, a priori, me parecen políticamente incorrectos, pero quizá los estoy prejuzgando y no lo sean. No importa. En todo caso, tal vez, si los extiendo al sol y se me airean, dejen de dolerme en la boca del estómago.  

Como ya he publicado, y republicaré las veces que haga falta, estos últimos meses estoy solicitando ayuda económica para enviar a Uganda. No os voy a repetir ahora los motivos ni cuál es la situación (ver post previos en este blog, mi status de whatsapp, la página de facebook,  Instagram, Twitter, Teamingcontactad, descolgar el teléfono o sentarse a hablar conmigo cualquier día y os lo explico encantada).

En este tiempo he enviado fondos propios y recaudado dinero entre varios amigos, y hemos conseguido dar alimento a más de 300 personas en una situación de pobreza extrema por la pandemia. Para mí, lo más valioso de la vida es la buena gente que me he ido encontrando por ella, incluyendo los que recién han llegado gracias a esta causa, y que, encima, se han ido quedando. Tengo amigos que han enviado cantidades muy importantes de dinero, en términos absolutos o relativos. Algunos que han enviado cientos o miles de euros y otros que han arañado cinco euros a una situación económica que también les venía muy compleja. El agradecimiento que siento por teneros cerca, y la alegría infinita por formar parte con vosotros de esta cadena de akabali son el mejor regalo de mi vida.

Estos últimos meses han sido muy duros para todos, qué os voy a contar. Para mí, a parte del dolor que ha supuesto perder a mi abuela y su sufrimiento, la mayor alegría que he tenido es que la mayoría de seres queridos, que son muchos, no han enfermado, o al menos no de manera grave. Y en segundo lugar, haber podido canalizar las energías que me quedaban en ayudar a personas que lo necesitaban mucho y no tenían otro apoyo. En este tiempo en que muchas veces he estado a punto de claudicar por lo difícil de todo en lo personal y laboral, he decidido tomarme como una fortuna el privilegio de poder seguir trabajando, aun en condiciones difíciles, y teniendo ingresos cada mes para dedicarlo a ayudar a más gente. Cada día me he levantado con ese objetivo en mente, y ha sido mi manera de salir a flote.

Como pido ayuda para otros, que están en una situación desesperada, no me avergüenzo de pedirla las veces que haga falta, ni a quien sea. Sé que alguno pensaréis que soy una pesada y que ya estoy otra vez con lo “de los negros”, como algunos decís, con más o menos broma. Seguiré haciéndolo, porque cada vez que lo hago, hay alguien que se moviliza, aunque solo sea una persona. Y eso supone comida en el plato de algún niño hambriento. Cuesta bastante esfuerzo escribir, publicar, recordar, pensar, contactar, enviar emails para que, al final, acabe respondiendo alguien, pero sólo una persona ya merece la pena. Y, es curioso: casi siempre responde los mismos.

Hay un grupo de personas que tienen un impulso inherente a sentir empatía y no quedarse en un clic en una publicación sino actuar y colaborar de la manera que sea. Hay personas que no me conocen personalmente y han confiado en mí, o en el amigo de un amigo que les ha explicado esta causa, y me están ayudando un montón, desarrollando una solidaridad admirable. Y hay otro grupo de personas, muchísimo más amplio, que parecieran impermeables al dolor ajeno o, al menos, actúan como si lo fuesen. Unos, envían dinero, comparten el mensaje con esfuerzo, se inventan iniciativas, realizan eventos para reclutar a otros a la causa y regalan su tiempo, que es lo más preciado que tenemos, para mejorar el tiempo de otros. Y otros, personas cercanas, ni siquiera preguntan. Entiendo que tendrán muchos motivos (problemas personales, dificultades económicas, estarán concentrados en otros proyectos solidarios, tendrán ganas de vacaciones, saturación de malas noticias, desconfianza… y muchos otros que se me escaparán), que cada cual sabrá.

Pero a lo que iba: hace tres días creé esta campaña en gofundme, para facilitar otro canal bastante sencillo para recaudar dinero. Porque me desespera saber que alguien tiene hambre porque no hay nada en su despensa, teniendo yo una vía para enviarle ayuda de manera inmediata y directa. Y a mí también se me acaba el dinero. Hasta ahora han colaborado algunos amigos, una vez más, que ya habían enviado donaciones en varias ocasiones previas (GRACIAS, de nuevo).

Pero ayer me sorprendió una aportación de seis euros, que probablemente sea una de las más conmovedoras y que me dio otra lección. Seis euros que venían de un ugandés que ha estado confinado, sin trabajo y sin ningún ingreso durante tres meses y medio. Que ha sido uno de los beneficiarios de nuestros donativos previos porque no tenía dinero ni para arroz, y que lleva dos semanas de vuelta al trabajo, porque en Kampala (que no en todos los distritos de Uganda) se ha levantado el confinamiento para ir a trabajar. Cuando lo vi, lo llamé para preguntarle por qué había enviado dinero a la causa, si él lo estaba pasando mal, tenía que pagar varios meses de retraso del alquiler, tenía que comer y muchos otros gastos acumulados. Me contestó, con una sonrisa de oreja a oreja, que mientras haya un vecino pasando hambre, él no puede pensar en el alquiler, y que saber que ayuda a otros le da una alegría no comparable a nada. Y, salvando la enorme distancia entre su contexto y el mío, ese es precisamente el mismo razonamiento que había hecho yo durante estos meses de supervivencia emocional.

Ojalá todo el mundo pudiese experimentar este sentimiento. Mientras veo con cierta frustración cómo tanta gente piensa sólo en conseguir lo material y su disfrute personal a través de cosas que se compran, os prometo que no hay lotería comparable al agradecimiento que recibimos de Uganda. No hay salario ni premio material que reconforte tanto como el alivio de Wilber esta mañana, cuando recibió la recaudación de gofundme, proveniente de los seis amigos de solidaridad reincidente. No hay viaje de vacaciones ni cifra en la cuenta bancaria que se pueda equiparar a su agradecimiento sabiendo que al menos durante un par de semanas, tendrá la comida de sus hijos asegurada y podrá volver a tener electricidad en casa. No es la solución definitiva a sus problemas, pero seguro que eso le dará más fuerza para seguir buscando trabajo.

No habré ahorrado nada en los últimos meses, pero soy rica. Y al mismo tiempo me frustra tanto no poder ayudarles más, y a más gente… Varias veces me han dicho “que yo sola no puedo cambiar el mundo”. Pues llamadme chula o políticamente incorrecta, pero yo creo que sí. Que todos formamos parte del engranaje y cada uno de nosotros podemos cambiar el mundo de otro, y hacerlo mejor. Sois súper bienvenidos a la causa, y los que ya estáis, que sois maravillosos y lo mejor que tengo, por favor no os vayáis nunca.

Seguimos.  

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GRACIAS A LA OTS

Hoy queremos enviar nuestro agradecimiento a la Orden Teosófica de Servicio. No solo por haber enviado ayuda directa a Daniel y otras personas necesitadas de Uganda, como organismo y a través de donativos directos de algunos de sus miembros, sino también por hacer también suyo este proyecto y seguir haciéndose eco de él para que más personas puedan colaborar.

Sois fantásticos y formáis parte de este engranaje de akabali.

Que entre todos siga girando.

Un abrazo

23 SEPT 2020

 

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ACTUALIZACIÓN DEL GRUPO TEAMING

Como sabéis, existe este grupo de Teamnin, que abrí inicialmente para recaudar fondos para el viaje de Daniel a España. Desde la asociación Aspanias, los fisioterapeutas Laura e Iker y el resto del equipo del CDIAP de El Clot, en Barcelona, le habían ofrecido tratamiento rehabilitador gratis si conseguíamos traer al niño desde Uganda. Así que a principios de este año nos pusimos manos a la obra, y habíamos recorrido ya bastante camino burocrático y logístico pero nos estalló la pandemia, y nos ha truncado los planes…

 

Daniel tiene drepanocitosis, una enfermedad que puede desencadenarle crisis trombóticas ante cualquier infección. Una de esas crisis le produjo el ictus el año pasado, que lo ha dejado hemipléjico. Eso supone que debemos protegerlo al máximo de cualquier catarro, diarrea, malaria y, por supuesto de la COVID19. Si él se infectase podría ser letal. Así que, con mucha pena y frustración, el plan del viaje queda suspendido hasta que las condiciones de seguridad para él sean las mejores.

 

Como sabéis de post anteriores y otros artículos que he escrito y que podéis consultar aquí o aquí, Uganda está atravesando una crisis alimentaria muy dura. Y Daniel, además de comida, necesita medicación a diario, aparte de férulas nuevas para su mano y su pierna a medida que crece y, como cualquier otro niño, vacunas. Además, cada vez que hace alguna crisis tiene que ingresar para tratarlo y controlarle el dolor con morfina. Todo esto, en Uganda, se paga y corre a cargo de la familia. Una familia que actualmente subsiste gracias, principalmente, a la ayuda que recibe desde España. Porque las restricciones al trabajo en el distrito de Hoima, donde vive Daniel, continúan vigentes.

 

Así que en este momento, conseguir soporte para financiar sus gastos médicos es un asunto vital, y para eso irá destinada vuestra aportación, de sólo 1 euro al mes, si os unís al grupo Teaming. Es sencillo, fiable, sin comisiones, y os podéis dar de baja cuando queráis. Para nosotros, supone menos de un café al mes, para él y su familia, un seguro de vida.

Gracias

 

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