PERSPECTIVA ESOTERICA DE LA PANDDEMIA

                 PERSPECTIVA ESOTÉRICA DE LA PANDEMIA Pablo Sender

En este artículo exploraremos el tema de la pandemia desde el punto de vista de la filosofía esotérica. La primera idea fundamental a tener en mente es que la Tierra y la humanidad están íntimamente interrelacionados, de modo que la actividad del planeta y la humana están influyéndose continuamente la una en la otra, trátese de epidemias, pandemias, o desastres naturales. Frank Hartmann expresaba así este principio:

El hombre no es un ser cuya existencia esté separada de la Naturaleza, sino una parte integral de ella…..Las fuerzas elementales de la Naturaleza actúan sobre su alma; y la influencia del espíritu universal irradia sobre su centro. Del mismo modo, el hombre influye sobre el todo….Sus emociones producen corrientes en el alma del mundo, dando lugar a nuevas causas en el ámbito de lo invisible, que a su vez influye sobre el plano físico. (Magia, Blanco y Negro)

Hoy día, somos conscientes de la interconexión entre la actividad humana y el planeta a nivel físico, pero las enseñanzas teosóficas lo amplían a los planos internos. Nuestra actividad psicológica (pensamientos, emociones, motivaciones, etc.) puede producir efectos físicos insospechados. Como Hartmann sigue explicando:

Su imaginación puede crear gérmenes de pensamientos, que, con el transcurso del tiempo, pueden llegar a expresarse en formas físicas, sus pasiones pueden dar lugar a enfermedades epidémicas, su energía colectiva acumulada puede conducir a convulsiones en la Naturaleza, y si se restaurara la armonía en el Hombre universal, la Naturaleza recuperaría también  la armonía. Las perturbaciones de la Naturaleza son producidas por la imperfección humana. (Magia, Blanco y Negro).                         

¿Cómo puede nuestra actividad psicológica producir fenómenos planetarios que afectan colectivamente a la humanidad, como las epidemias y los desastres naturales? Para comprender el fundamento oculto de esto, debemos examinar el concepto de la “luz astral”.

Luz Astral         

H.P. Blavatsky escribió sobre una correlación observada por los videntes entre las epidemias y la actividad de la “luz astral”.

Frecuentemente, grandes clarividentes y adeptos al mesmerismo han descrito las epidemias y enfermedades….al percibirlas su lúcida visión (clarividencia) en le luz astral. Afirman que las “ondas eléctricas” estaban en violenta perturbación, y que detectaban una relación directa entre esta perturbación etérica y la epidemia mental o física del momento. (Isis sin Velo, vol. I, p.278)                                                                                                 

En consonancia con la afirmación de Hartmann de que nuestra actividad psicológica genera “corrientes en el alma del mundo”, Blavatsky describe cómo los clarividentes observan una especie de “tormenta astral” en el Planeta, siempre que hay una epidemia activa en el mundo. Así que, ¿qué es la luz astral? Blavatsky la definía como:

La región invisible que rodea nuestro globo, como todos los demás planetas, y se corresponde…con el linga sarira, o doble astral, del hombre. Una esencia sutil, solo visible al ojo clarividente. (Glosario Teosófico, p.38).

Las enseñanzas teosóficas postulan que hay siete aspectos o “Principios” en cualquier sistema del cosmos, bien sea una galaxia, un planeta, o un ser humano. El segundo principio, llamado linga sarira, es un campo etéreo que rodea/envuelve nuestro cuerpo físico. Los cambios en el campo etérico afectan nuestra organización física. De forma similar, la luz astral es el linga sarira del planeta, y su actividad puede afectar al plano físico. Blavatsky continúa con su definición de la luz astral, citando a Eliphas Levy, que fue un clérigo y ocultista, anterior a la época de H.P.B.:

Eliphas Levy llama a la luz astral la gran serpiente y el dragón del cual irradia a la humanidad toda influencia maligna. Esto es así, pero por qué no añadir que la luz astral solo nos da lo que ha recibido; es, pues, el gran crisol terrestre en el que las viles emanaciones de la Tierra (morales y físicas) de las que se alimenta la luz astral, se convierten en su esencia más sutil, y son irradiadas de vuelta con mayor intensidad, convirtiéndose así en epidemias—morales, psíquicas y físicas (Glosario Teosófico, p.38).

La luz astral es fuente de influencias que se manifiestan en forma de epidemias, accidentes, o desastres naturales. Esta es la razón por la que Eliphas Levy identificaba la luz astral con Satán.  Pero es sólo la mitad de la historia. Como ya hemos visto, las influencias malignas alimentan la luz astral, en primer lugar, por las actividades mentales, emocionales y físicas de los seres humanos. De este modo, la luz astral actúa como vehículo de expresión del karma colectivo generado por la humanidad.

En sus “Instrucciones Esotéricas Nº IV”, identifica el subplano específico, dentro del plano astral (o luz astral) que acumula las impresiones malignas:

El 4º subplano…es el peor de los planos astrales, kâmic (atado al deseo) y terrible…Aquí están amontonadas las semillas de epidemias, vicios, ciclos de desastres, y catástrofes generales de todas clases, que suceden agrupadas—series de asesinatos, de terremotos, de naufragios. (Blavatsky, Escritos recopilados/Obras completas (BCW), vol. 12, p. 663)

Formas de pensamiento

La siguiente cuestión a examinar es como la actividad psicológica humana puede afectar a esta luz astral. Mahatma KH, uno de los instructores de Blavatsky, explicaba en los años 1880, que los pensamientos no son meras imágenes subjetivas de nuestras mentes, sino fuerzas reales, que pueden comportarse como una entidad: “Los pensamientos son cosas—tienen tenacidad, coherencia, y vida–…son entidades reales” (Cartas de los Maestros a A.P. Sinnett#18, p. 66/#9, p. 49, Barker ed.)

Las enseñanzas Teosóficas postulan que hay tipos de materia, además de la física, que nos es familiar. Así, pues, tenemos formas de materia más sutiles, como la “astral” (o “emocional”), “mental” y otras que solo pueden percibir los clarividentes. C.W. Leadbeater decía:

Nuestros sentimientos y pensamientos generan formas definidas en la materia de su clase, y estas formas siguen los sentimientos y pensamientos que las crearon.  Cuando estos pensamientos y sentimientos van dirigidos hacia otra persona, las formas se mueven realmente en el espacio hacia esa persona. (El Lado Oculto de las Cosas, p. 369)

Nuestra actividad psicológica “privada” produce formas externas de pensamiento, que quedan en libertad para influir en personas o lugares, viajando a través de los planos astral y mental, pero también pueden actuar de una manera diferente.  Como afirmaba Annie Besant:

Cuando una persona lanza una forma de pensamiento, esta no solo mantiene un vínculo magnético con ella, sino que es atraída hacia otras formas similares de pensamiento, que se juntan en el plano astral creando una fuerza buena o mala, según sea el caso, constituyendo un tipo de entidad colectiva. (Karma)

Las formas de pensamiento de tipo similar tienden a entrar en coalescencia, atraídas por una afinidad magnética. El agregado de etas formas de pensamiento puede convertirse en una poderosa influencia—para bien o para mal.  Annie Besant sigue diciendo:

Cuando la gente genera un gran número de formas de pensamiento malignas de carácter destructivo, cuando estas se congregan en enormes masas en el plano astral, su energía puede ser, y de hecho lo es, precipitada en el plano físico, provocando guerras, revoluciones, disturbios sociales y catástrofes de todas clases, cayendo como karma colectivo sobre sus progenitores, produciendo ruina generalizada…Las epidemias de crimen o enfermedad, ciclos de accidentes, etc. tienen una explicación similar.(Karma)

Ahora podemos ver cómo, generando pensamientos y sentimientos negativos, tales como odio, rabia, intolerancia, etc. estamos sembrando las semillas de futuras epidemias, accidentes y desastres naturales. (Es importante tener en cuenta que no todos los desastres naturales son consecuencia de la actividad humana, pues algunos son consecuencia de los ciclos de la Naturaleza).

Elementales

Queda por considerar otra pieza del puzle, para entender como nuestra actividad psicológica puede dar lugar a efectos físicos. Hemos visto que los pensamientos crean formas, y si son de carácter negativo, se acumulan en la luz astral. Afortunadamente, esto también es así con las formas de pensamientos buenos. Si estimulamos pensamientos de amor y compasión, esta energía benevolente se acumula en planos superiores, en lo que llamamos un “repositorio de bondad”, que actúa de forma beneficiosa para contribuir a la evolución humana.

Pero, ¿cómo pueden producir un efecto en el plano físico, estas formas que no son físicas? Para explicarlo, tenemos que introducir la idea de los “elementales”. Mahatma KH explicaba:

“Cada pensamiento humano, una vez producido y desprendido, pasa al mundo interno, y se convierte en un ente activo asociándose…con un elemental;… una de las fuerzas semi- inteligentes del reino de la naturaleza.  Sobrevive como una inteligencia activa, una criatura engendrada por la mente, durante un periodo, más o menos largo, según la intensidad de la acción cerebral o mental que lo creó. Así que, un buen pensamiento se perpetúa como una fuerza activa benefactora; y un mal pensamiento como un demonio maléfico”. (Cartas de los Mahatmas, Apéndice I, 472)

Los pensamientos que generamos no crean simplemente una forma vacía—atraen una fuerza elemental de la Naturaleza. Los elementales poseen una forma muy rudimentaria de consciencia, aunque carecen de inteligencia, tal como la entendemos. W.Q. Judge los describe así:

Un elemental es un centro de fuerza, sin inteligencia, sin carácter moral ni tendencias, pero susceptible de ser dirigido en sus movimientos por los pensamientos humanos, que pueden, consciente o inconscientemente, darle cualquier forma, y hasta cierto punto, inteligencia. (BCW, vol. 9, p. 104)

Cuando actuamos, sentimos y pensamos, atraemos elementales cuyas energías tienen afinidad con la actividad particular que desarrollamos. De modo que, las formas de pensamiento que generamos son “animadas” por elementales, que las usan como un “cuerpo” para manifestar su energía. Es importante tener en cuenta, que los elementales involucrados en esto, no tienen la capacidad de una acción u otra—es la calidad de nuestros pensamientos que los atrae, lo que les da la dirección para su actividad.

El número de elementales atraídos depende de la intensidad de nuestros pensamientos y sentimientos. Blavatsky afirmaba:

(El mundo elemental) es automático y parecido a una placa fotográfica, todos los átomos que continuamente llegan y salen del “sistema humano” están constantemente asumiendo la impresión transmitida por los actos y pensamientos de esa persona, y, por tanto, si (una persona)… establece una potente corriente de pensamientos, atraerá un mayor número de elementales. (BCW, vol. 9, p. 105)

Ahora podemos comprender el proceso completo de cómo nuestros pensamientos generan epidemias y otros desastres naturales. En una cita anterior, Annie Besant afirmaba que las formas semejantes de pensamiento tienden a congregarse, formando una especie de ente colectivo.  Y continuaba con su descripción como sigue:

Cuando este ente colectivo, como lo hemos llamado, está constituido por formas de pensamiento de tipo destructivo, los elementales que las animan actúan como una energía disruptiva y a menudo producen enormes estragos en el plano físico. Un vórtice de energías desintegradoras/destructoras, es la eficaz causa de “accidentes”, convulsiones naturales, tormentas, ciclones, huracanes, terremotos, inundaciones. (Karma)

En la visión teosófica, toda actividad natural en el plano físico (de la apertura de una flor a la erupción de un volcán) está guiada desde los planos internos por la inteligencia de seres celestiales, o devas, que emplean elementales como las fuerzas para producir los resultados deseados. O sea, los elementales tienen capacidad para producir efectos en los diferentes planos.  Cuando los pensamientos se congregan para crear este “ente colectivo”, mencionado por Besant, se suman las fuerzas de muchos elementales, llegando a ser capaces de producir efectos globales, como epidemias, o desastres naturales. (Es importante tener en cuenta que no todos los desastres naturales son el resultado de la actividad humana—algunos son sólo efecto de los ciclos de la Naturaleza.

Este conocimiento es muy importante, porque nos da la posibilidad de abordar las epidemias y otras fuentes de sufrimiento colectivo en su misma raíz, en lugar de estar condenados a intentar evitarlos o predecirlos por otros medios y sufrir sus efectos, como le pasa a la ciencia moderna.

Las enseñanzas de la Teosofía son muy importantes, el ser humano es el cuidador/custodio de su hermano, y la única protección efectiva frente a plagas y calamidades reside en la purificación del plano mental. Es un simple problema de causa y efecto. Si cada persona purificara su propia esfera de pensamientos, la luz astral se limpiaría. (P.M. Johns, Epidemias desde el punto de vista Teosófico, The Theosophist, Enero 1893)

Entonces, el mensaje teosófico es que hay una ecología de la mente, igual que hay otra de la Naturaleza. Con cada pensamiento y emoción a las que damos lugar, estamos polucionando o purificando las atmósferas mental y emocional. Obviamente, no podemos decidir de repente dejar de albergar pensamientos o emociones negativas—reducir la “polución psicológica” que producimos es tarea de toda una vida, y la tradición teosófica ofrece una gran cantidad de enseñanzas, teóricas y prácticas, para aprender a controlar y purificar nuestra mente.  Esto es, de hecho, una parte esencial de la vida teosófica.

Nuestra actitud

Terminemos examinando la parte que desempeña nuestra actitud, cuando nos enfrentamos con una epidemia. Annie Besant decía:

La difusión de las enfermedades, y el miedo consecuencia de su expansión, actúan directamente reforzando el potencial/poder de la enfermedad;  se producen perturbaciones magnéticas que se propagan e inciden en la esfera magnética de las personas (y en su aura) dentro de la zona afectada. (Karma)

Como hemos visto, las enfermedades colectivas son algo más que una simple manifestación física, y tienen sus raíces en el plano astral. El miedo generado en la gente bajo una epidemia, se difunde en el plano astral, haciéndoles más vulnerables a la misma. Por esto, es muy importante mantener la calma, sentido del equilibrio y confianza cuando nos encontramos en estas difíciles situaciones. En estos casos, los gobiernos, las organizaciones de la salud tienden a infundir/inculcar miedo, pues mucha gente, solo así, es capaz de actuar correctamente. Sin embargo las personas interesadas y receptivas a estas enseñanzas, deben ser capaces de actuar de manera responsable, sin necesidad de estar dominadas por el miedo.  Recordemos que constantemente estamos expresando/mostrando lo que somos.  Trabajando nuestra calma y serenidad, y enviando buenos deseos al entorno y a los demás, podemos aportar nuestra ayuda invisible en las crisis con las que nos enfrentemos.

Esta actitud, de paso, nos hará más fuertes ante la enfermedad. Como decía Leadbeater:

La persona que no tiene miedo a las enfermedades contagiosas, tiene menos probabilidad de infectarse que la persona que siente terror ante ellas. Cualquier persona clarividente, que observe las condiciones producidas, tanto en el cuerpo astral como en el doble etérico del cuerpo físico, por el nerviosismo y el miedo, comprenderá fácilmente por qué es así, y verá que la inmunidad de la persona sin miedos se explica en términos puramente científicos. (Vislumbres de Ocultismo)

La ciencia ha descubierto que el miedo afecta al sistema inmune, pero no conoce sus efectos sobre el doble etérico (linga sarira) del cuerpo físico y  sobre  el cuerpo emocional.  Una confianza tranquila  genera una radiación estable que actúa como una protección/escudo.  Por supuesto, esto no significa que estar libres de miedos, nos haga completamente inmunes a la enfermedad.  Siempre existen elementos kármicos involucrados en todo esto, pero una actitud de confianza nos ayuda a ser más fuertes y estar mejor preparados para lidiar con lo que el karma pueda traernos.

Ciertamente, conservar la calma en tiempos de crisis no es fácil, especialmente para las personas con tendencia a la vida espiritual, pues son más y más sensibles a las influencias procedentes de los planos internos. En palabras de Annie Besant:

A medida que evolucionamos, nuestros cuerpos astrales, no sólo reciben más impresiones del plano astral, sino que también las transmiten más al cuerpo físico, así, podemos encontrarnos en un estado de gran depresión, para el que no tenemos explicación.  A menudo este estado de ánimo es una sombra proyectada desde el plano astral, con la que no tenemos más relación, que la del arroyo con la nube que proyecta su sombra sobre él…  Por ejemplo, las personas muy implicadas en asuntos públicos, que están profundamente interesadas en el bienestar de grandes grupos de seres humanos, pueden sentirse muy deprimidos ante calamidades públicas inminentes o produciéndose en esos momentos.

Esto es cierto en todo momento, y especialmente en tiempos de crisis.  Nuestro cuerpo astral responde a la inquietud en el plano astral, y esta impresión pasa al cuerpo físico, lo que nos hace sentir tristeza, miedo, rabia o cualquier otra emoción que predomine en ese momento. Las personas que se preocupan por la humanidad tienden a ser mucho más susceptibles a esto, de modo que estos periodos son mucho más difíciles para ellos. Es importante que las personas compasivas tomen consciencia de esto, y hagan uso del poder de su voluntad, amor y equilibrio, para evitar que sean víctimas ante la sombría atmósfera general del momento. ¿Cómo podemos lograrlo?  Annie Besant nos da algunos medios:

¿Qué puede hacer una persona cuando se presenta un estado de ánimo de este tipo? El único medio que conozco es mediante un reconocimiento claro y terminante de la ley del Karma; el sentimiento de que nada puede ocurrirnos, que no esté dentro de esta ley; la sensación de que ocurra lo que ocurra es todo para bien; la intensa convicción interna…para prepararnos deliberadamente para aceptarlo y vivirlo. (Sobre los Estados de Ánimo)

Por eso, es útil meditar sobre el hecho de que todas estas calamidades, que—desde el punto de vista del plano físico—parecen tan terribles, contribuyen, en realidad, a la evolución del alma. Debemos tener siempre presente que si el cuerpo muere, el alma es eterna.  Hemos muerto ya muchas veces en el pasado, y moriremos muchas más en el futuro., pero todo cuanto sucede tiene como finalidad ayudar al alma a realizar su naturaleza divina. Así que, el sufrimiento es una bendición disfrazada.  Por supuesto, esto no significa que debamos ser indiferentes ante el sufrimiento ajeno, o que no debamos intentar ayudarles. Como dice Annie Besant, una clara comprensión de esto nos ayuda a mantener nuestro equilibrio, para ser más efectivos en cualquier ayuda o servicio que podamos prestar, tanto en el plano físico como en los más internos.

Esta es la razón por la que es tan importante el estudio de las enseñanzas teosóficas—el conocimiento obtenido en tiempos de paz se convierte en una gran ayuda en tiempos de crisis.

The Theosophist, Agosto 2020.

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